(per a llegir mentre s’escolta Los niños del mañana, del disc Maniobras de escapismo dels Love of lesbian: http://www.youtube.com/watch?v=UrOYj2vaf9E)

No dejaba de mirar al cielo. Era el perro que no tenía dueño. Érase un vez un amo sin perro, por lo que no era amo, sólo proyecto. El proyecto de amo lo era a su vez de hombre, y el perro que no poseía, su obsesión.

Aquella mañana amaneció oscuro. Y el perro que no tenía amo, levantó la cabeza. “Arff, arff… arff arffffff”. El morro al suelo, olisqueando. “Arff arfff, arff arfff”. Vida de un perro sin dueño.

Aquella mañana amaneció oscuro. Y el dueño que no tenía perro, levantó la cabeza.Grrr.Bbrrrrr.”. Nariz al suelo, oliendo el sudor de su pijama. “Mierda”. Vida de un dueño sin perro.

La vida del perro sin dueño era equiparable a la del hombre que ansía ser amo, pero que sólo lo es de su desgracia. Y su desgracia es su pobreza, porque no tiene nada.

El perro era Junio, el hombre Fransuá. Así escrito. Ridículo. Él lo era.  Lo que quería no lo tenía, lo que tenía, no lo deseaba.

Junio quería pasear junto a alguien. Quería ser perro, ser siervo. Fransuá quería pasear con un perro, quería poseer. Ser amo. Ambos se deseaban, ambos se buscaban. Hasta que Junio, desesperado, encontró a Fransuá. O Fransuá, podríamos decir, se encontró con Junio.

Se reconocieron de inmediato. Amo y perro, perro y amo. Se miraron a los ojos. Fransuá lloraba. Y Junio se meaba.

Ya está.

Ya eran felices.

Qué hijos de perra.