(escrit durant un desagradable procés viral. Escolteu aquí el Into the void del disc The fragile, dels Nine Inch Nails. http://www.youtube.com/watch?v=VqgggIMK7Ic)

Amanecía otro día en el bloque D de la calle Derobem. En ella todos los vecinos reían y gozaban de su felicidad, excepto uno. El vecino nuevo. El “cagón”, como le llamaron sólo llegar. La preocupación del cagón nuevo era el vecino de arriba.

Cada día y cada noche escuchaba unos ruidos extraños que al principio atribuyó al ascensor, hasta que un día se dio cuenta de que éste estaba estropeado y el ruido no cesaba. Y claro, al ser nuevo en el vecindario, le daba apuro comentar esos temores. Sus vecinos, con unas sonrisas perrunas de lado a lado de la cara, se miraban cómplices entre sí cuando el nuevo, el imbécil, trataba de explicarles sus miedos. Lo intentaba en la escalera, en el ascensor, en la tienda de abajo, cuando se los encontraba casualmente… No podía dormir y quería sacarse el ruido y la causa del ruido de su cabeza.

Una mañana, llamaron a la puerta de su casa. Cuando abrió, no había nadie. Él, el idiota, sólo vio una nota que asomaba por debajo de la puerta. Decía: “Compruébalo esperpento. Comprueba cómo el vecino de arriba fabrica cánceres”. Aquellas palabras le asustaron todavía más, porque no sabía el origen del odio de sus vecinos hacia él. Sobre todo si se tenía en cuenta que era nuevo y que nadie le conocía. Y estaba claro que la nota que le habían dirigido no podía ser obra de alguien muy equilibrado…

Aquella mañana, y gracias a la nota, el vecino nuevo del bloque D de la calle Derobem supo qué ocurría en casa de su vecino, el de los ruidos. Y lo supo porque al salir a la escalera, se decidió y subió hasta el ático. Estaba harto, Harto de los ruidos, harto de las sonrisas, harto de los vecinos y sus complicidades. Y desde luego, no iba a consentir que nadie se burlara de él.Golpeó la puerta una y otra vez hasta que el idiota la tumbó (porque era vieja, no porque fuera un tipo fuerte). Y allí vio que su vecino, el de arriba, fabricaba enfermedades. Algunas contagiosas y otras no, pero las fabricaba. Y lo supo porque se acercó a una de las máquinas y se contagió de la viruela. Después resbaló y contrajo la sífilis, y tras ese resbalón dio de bruces en el suelo, y sobre su malogrado y aturdido cuerpo, ahora ya terriblemente enfermo, se mezclaron y combinaron tres tipos de cepas virales diferentes. La combinación de esas tres nuevas cepas de virus y con la sífilis y la viruela crearon una nueva enfermedad, a la que se conoció como la “enfermedad del vecino marginado

Cuando ingresó en el hospital, recibió la visita de algunos de sus vecinos del bloque D, que se acercaban a dos metros de la cama y, sonriendo, le decían: “haces buena cara”, y luego echaban a reír. No entendía tal nivel de crueldad. Hasta que al final entró en el cuarto el vecino que nunca había visto, el de arriba. Vio su oportunidad y le preguntó lo siguiente: Vecino, ¿por qué fabricas enfermedades?” 

A lo que el de arriba le contestó: Yo no fabrico, ni soy. Sólo produzco. Soy tu enfermedad, y de ti me alimento. Tus delirios son antes míos. No soy vecino, soy invasor. No eres anfitrión, eres huésped. Es así: estás enfermo de mí y me creas. La gente tiene esa opción. Pero no significa que exista vecino, ni bloque. Pero sí existe tu enfermedad… idiota. Hoy han sido vecinos, mañana… ¿qué será?”. 

Volvía a amanecer. Volvía a despertar. Volvía de nuevo a estar de lado, tendido en la cama. Otra noche en vela. Su vida no era vida, y su enfermedad, el aburrimiento.  

“Y hoy… ¿qué será?”