(you see the frightened oneshttp://www.youtube.com/watch?v=_0v07InoFiU )

Le miró a los ojos a dos pulgadas de distancia de su cara, y le espetó con seguridad: “¿Cuál es tu deseo antes de morir?” 

Fue cuando se terminaron las palabras y la sintaxis perdió todo su valor, en favor de un pobre loco que rompió a llorar. Y sus palabras, teñidas de un rojo fuego, incendiaron a su oponente. 

“Tan sólo deseo tu muerte”. 

¿Cuál de los dos ha vencido? Preguntó el niño a su padre con los ojos brillantes de curiosidad… 

“Duérmete y lo sabrás“.

Y el chico se durmió. Y soñó con paisajes terribles de violencia que lo sobresaltaban. Y soñó con almas de víctimas de su propio deseo, y se lamentó en el camino de su experiencia. Y soñó que su propia alma se resquebrajaba al admirar los extraños parajes azules desde alturas vertiginosas, en un vuelo sicótico y alucinado de su propia conciencia.  

Al despertar habían pasado unos años, y el chico ya no era chico, era adulto, y su padre había muerto. Y él creyó que seguía durmiendo. 

Y al incorporarse buscando a su padre, vio con sus propios ojos el final de aquel cuento que tantas veces le habían contado, cercenado en su desenlace, antes de irse a dormir. 

Ambos hombres yacían uno sobre el otro en un doloroso gesto de simetría, y revelaban un angustioso sentido de la justicia en una mueca enferma de terror. Ninguno de los dos sobrevivió al deseo del otro. 

El hombre adulto, antes niño, lloró al preguntarse cuánto tiempo había estado soñando con una historia que en su inicio jamás hubiese terminado, a no ser que su empeño, como había ocurrido, determinase al fin su conclusión. Y entendió que había matado al tiempo, y con él a su propio padre. 

Ahora conocía el final de una historia asesina, que nunca más le dejaría dormir.