Los minutos iniciales de la película de Maíllo, Eva, son tan prometedores que piensas que estás ante una de esas cintas de sci-fi tan buenas, las que logran trascender el tiempo. Una de esas que se pueden convertir en un clásico y que incluso superan la tiranía de las estéticas. No un Blade Runner -eso será siempre altamente improbable- pero sí, por qué no, una Gattacca o un Code-46. Salvando siempre las distancias, claro.

En una primera parte alejada de las pretensiones que suelen acompañar a este género, Eva se mueve en un territorio en el que fácilmente se puede caer en el ridículo, pero lo hace con éxito: el espectador asiste a una de las mejores sesiones de cine fantástico y de ciencia ficción de calidad que ha dado el cine de este país en toda su historia. Un magistral Lluis Homar dando vida -de forma irónicamente paradójica- a un humano creado artificialmente, arrasa en las escenas en las que aparece junto a Daniel Brühl (que está más que correcto en su papel protagonista) y solo le hace sombra la niña protagonista , una Claudia Vega fabulosa y un gato robótico que a pesar de estar creado digitalmente sostiene unos auténticos tour de force interpretativos con su homólogo humanoide-Homar. Hasta aquí todo bien.

El problema se presenta en la aparente subtrama -la relación entre Brülh, Etura i Ammann- que acaba siendo trama con mayúsculas y no está a la altura de las expectativas creadas inicialmente. Y no es que no sean interesantes los dibujos que se hace de los protagonistas o las relaciones que se dan entre ellos… Simplemente están por debajo de una propuesta que parecía llevar una dirección menos melodramática -y sobre todo menos pretenciosa, atención a la arte final del film y su innecesario epílogo- y que apostaba fuerte por dejarse llevar por el género sin caer en los lugares comunes de siempre.

Eva gusta, y gusta porque es valiente. Tiene una producción detrás de “grande” y si con ella se querían demostrar una serie de cosas -como la falta de pudor de un nuevo cine español o la capacidad y talento de los nuevos realizadores de este país- llega a buen puerto, pero en lo narrativo y sustancial -su historia- por desgracia se pierde a medio camino. Aún así creo que debe verse: seguro que es un antes y un después a muchos niveles.