Enlazo aquí los posts anteriores sobre Vigalondo, con motivo de la presentación en Sitges de Los Cronocrímenes y de la “semana Vigalondo“, como la titulé en su día, en la que se estrenó comercialmente la película:

https://xfar.wordpress.com/2007/10/25/conversa-alex-i-los-cronocrimenes/

https://xfar.wordpress.com/2008/06/20/setmana-vigalondo/

https://xfar.wordpress.com/2008/06/24/setmana-vigalondo-ii/

Hablé de Vigalondo hace ya unos años, cuando presentó en Sitges Los Cronocrímenes en una tarde que entre otros me ocupó un tal Kitano. Nada, un señor cualquiera, como todos sabéis.

Yo ya sabía algo de Los Cronocrímenes. Sabía que había ganado algún premio, sabía que me encantaba lo que había oído y visto de la película -lo justo, sin mucho spoiler-… pero de quien no sabía nada era del director. Y de lo que sería capaz de hacer aquella tarde con su historia. Y discutía acerca de eso con un buen amiguete mío en una cola vespertina con bocata chusco en la mano. Hasta ahí todo normal, lo lógico en el marco de esos días de Festival.

Bueno, eso de que no sabía nada… tampoco. Como de vez en cuando hago mis propios cortos y me gusta mucho investigar y buscar en la red piezas audiovisuales de mayor o menor interés -algunas deberían ser de visionado obligatorio en las escuelas, y no solo de cine-, sí que había visto un corto español que se había presentado a los Oscars; uno en el que había un chico medio/loco medio simpático que por el amor de una mujer y sus chifladuras se montaba un musical en un bar de tapas -así, by the face– que acababa en un festival de luces y colores (por decirlo sin fastidiarle a nadie el final). Eso lo sabía, sí. Pero no recordaba que ese tipo, el actor y director de ese corto tan simpático y tan reconocido, era el mismo que ese día presentaría Los Cronocrímenes. No caí en ello. Quizás porque no soy demasiado mitómano y quizás también porque soy un aficionado al que le gusta ver cine y de vez en cuando hablar de él, y no un critico al que le pagan por estar -y mantener- informados a sus lectores.

El caso es que ese día me explotó en la cara una bomba. Lo que dije entonces está en este mismo blog y no voy a repetirlo, pero sí diré que Los Cronocrímenes me pareció fascinante. Desde esa especie de costumbrismo medio cutre tan bien representado por los actos y acciones de su pedazo de personaje, Héctor (qué grande es Karra Elejalde, por dios) hasta su segundo acto -maravilloso aun en sus siguientes visionados- y desenlace, que cerraba lo que no todo el mundo hubiese sido capaz de cerrar con esa no solo dignidad sino también ese (in)genio creativo, tan descarado para alguien que realizaba su primer largo.

El Auditorio del Melià de Sitges era como una fiesta. Por el escenario desfilaban el tipo éste, Vigalondo, con una suerte de amiguetes la mar de simpáticos que no auguraban -para nada- algo bueno en lo que después se proyectó en pantalla. Todo parecía muy lleno de cachondeíto pero no estaba claro que lo que ese tal Vigalondo presentaba fuese algo digno de verse. Pues bien. No solo fue digno de verse, sino que años después aquí está un servidor -y alguno más que conozco por ahí- que sistemáticamente revisa esa película. Porque es muy grande. Y porque quizás no es la masterpiece de tu vida pero que desde luego es cojonuda en todos sus sentidos. Sobre todo para nosotros, esos enfermos de cine que pueblan cada octubre desde hace ya décadas el Festival de cine de Sitges.

Es curioso porque a veces los que menos serios y más payasetes parecen son los que más respetan el trabajo que hacen. Y en las piezas de Vigalondo está ese respeto. Y todo el colegueo que se trae con los que comparte esa pasión proviene de ese mismo respeto. Respeto por un cine que a veces se ha denostado, por una cultura que a veces se ha tildado de subcultura -llámese cine, o cómic, o underground o como coño se la quiera llamar- y respeto por lo que significa el cine, una forma de expresión ARTÍSTICA y nada fácil de llevar a cabo. Respeto por las referencias que nos han parido culturalmente hablando y que nos han construido como seres que curiosean, fantasean y meditan sobre cosas más o menos interesantes, dependiendo del ojo del que mira. Pero en todo este recorrido siempre, en Vigalondo y lo que hace, huelo ese respeto. Sus obras gustarán más o menos pero son serias dentro de la coña marinera que se trae, y van dirigidas -espero no equivocar mi análisis- al mismo público respetuoso del que el propio Vigalondo sigue formando parte.  Para divertirlo, para hacerlo reflexionar a su manera, o para lo que quiera él como creador que es. Y de ahí su éxito, además de por su buen hacer en estas labores de cineasta, nada fáciles por cierto.

Extraterrestre no es una película redonda. En mi modesta opinión, mejora sólo ciertos aspectos -muy pocos- de los que su autor presentó en Los Cronocrímenes. Tiene una primera parte divertida, que presenta la trama principal y a sus personajes y que está llena de ingenio. Pero después se desinfla. Vale. Es mi opinión. Para eso vamos al cine, para disfrutar y poder opinar. Y como no quiero bailarle el agua a la persona que seguramente ahora más enjabonada está del planeta chanante lo expreso con claridad: Extraterrestre me decepcionó. Pero claro, ahora voy a explicar los porqués.

No se trata, como he leído por ahí, de que Vigalondo haya perdido pulso y no se consolide en nada porque “no había nada que consolidar”. No señores. Tampoco se trata de que filme “un chiste que alarga hasta el exceso y no rubrica con un desenlace a la altura de las expectativas“. ¡Eh! Tampoco va por ahí, ¿eh? No desviemos el tema. Y por cierto sería rodar y no filmar. De nada. Pues no, no eso; se trata de que Vigalondo juega en varios escenarios peligrosos y acaba dándose de bruces con la realidad: que mantenerse en ese filo es harto difícil. Y esos juegos malabares tan complicados son la comedia y el espacio. La comedia porque a ver quién es el guapo que hace (son)reír al público durante un hora y media -que recuerde en mi caso solo lo han logrado los Monty Python y Faemino Cansado, y estos tipos son básicamente genios y humoristas y Vigalondo quiere quizás ser genio pero no solo es humorista-. Y el espacio porque en un solo escenario prácticamente situar toda una historia como la que se nos cuenta en la película es casi un suicidio. Y me dejo un condicionante más: los personajes. Solo cuatro. Ya está. Cuatro personajes que tiene que iniciar, desarrollar y finalizar una trama desencadenada -¡¡¡ENCIMA!!!- por un motivo scifi (toca’t els collons i balla) que es nada más y nada menos que una invasión alienígena. ¡Chúpate esa! En un solo espacio, con cuatro personajes, en tono de comedia y con poca pasta. Pues venga va, a ver quién mantiene la tensión en esa jungla que acabo de describir. Dificil el jardincito, la verdad… ¿o no lo es?

Y ahí estamos, entonces; en que Extraterrestre no me satisfizo como en su día lo hicieron otras creaciones de Nacho Vigalondo. Eso no significa que no sea una película recomendable, que lo es. Por muchos motivos. La recomiendo por sus actores -los verdaderos extraterrestres de la cinta- que dotan de realidad unas situaciones totalmente rocambolescas con una interpretaciones más que notables. La recomiendo porque tiene unos diàlogos -en su mayor parte- ingeniosísimos, que no están al alcance de cualquiera. La recomiendo porque se disfruta y al salir del cine y de su área de influencia de unos días se sigue recordando con una sonrisa y la recomiendo, finalmente, porque tiene mucho mérito lograr lo que logra en gran parte de su metraje con lo poco que aparentemente tiene. Ahora bien, no es ni su mejor película ni es perfecta. Por mucho que se empeñen todos sus seguidores, por mucho que sea un tipo que caiga de puta madre. Y por mucho que sepas que trata todo lo que amas con el respeto que pocos lo han tratado.

Nacho, majo, quiero que sepas que tu película me ha gustado mucho más que Super 8. Mucho más que Juan de los muertos. Mucho más que The divide. Mucho más que muchas. Qu es más ingeniosa que la mayoría y que tiene más huevos que gran parte de la cartelera. Pero no me ha gustado más que Los Cronocrímenes. Bueno . Es tu segunda película, y yo voy a seguir esperando cosas muy interesantes de ti.

Ya sabes a quién tienes que superar. Siempre que quieras, claro.