festival


Desde la insoportable levedad de un ser llamado Brandon, los bucles y círculos concéntricos de una vida atormentada se suceden uno tras otro en una de las grandes películas que han inaugurado mi año cinematográfico particular en la lectura de una partitura particularmente descarnada.

Mi conexión con Shame en el cine fue muy rápida. El primer plano de la película ya me declaró públicamente su amor envuelto en la frialdad azul de una preciosa fotografía que iba a repetirse durante todo el metraje. Y en seguida el primer bucle, el primer gran círculo mostraba la angustia que querían comporatir Fassbender y McQueen con el patio de butacas. En el recorrido absurdo de la cama al contestador automático, en la repetición de las palabras anodinas de la emisora del mensaje telefónico, en la decisión de cada uno de los tiros de cámara que acompañaban a un desnudo Brandon reconstruyendo su tortuosa rutina diaria.

Los bucles continuaban. Una preciosa escena en el metro de Nueva York me advertía del talento del que había orquestado aquella peligrosa ratonera. La asfixia comenzaba a hacerse explícita en cada (no) decisión del personaje principal. En cada gesto, en cada mirada. En cada una de sus sonrisas rota  Fassbender/Brandon se hacía con mi compasión poco a poco, como un animal que comunica sin hablar su necesidad de auxilio. Todo se desarrollaba en un marco de perfección formal que a algunos les alejaba de la historia… mientras que a mí, y también a otros muchos, nos acercaba cada vez más. Hasta que no podíamos escapar de ella. Hasta que el extremo de ese segundo círculo del infierno terminó alcanzándose a sí mismo al final de la película, cerrando así una historia plagada de huidas infructuosas.

De repente reparé en la música. En un primer visionado me pareció escuchar a Bach en varias ocasiones, y en los créditos me percaté de la participación de Glenn Gould y sonreí. Otro bucle. En un segundo visionado advertí que Brandon escucha compulsivamente y en sus momentos más desazonadores las composiciones de este pianista, atrapándolo y transportándolo a una fantasía sonora que acompaña a una realidad evidente que no permite la huida. Y es en la escena en la que Brandon escapa de su casa -y de su hermana- donde queda  más clara tal evidencia: el personaje corre en un plano secuencia falso y la cámara  acompaña y muestra cómo su carrera no le llevará a ningún lugar concreto, como si corriese en una rueda giratoria de ratón de laboratorio. De hecho volverá al mismo lugar del que salió huyendo, dejando claro que no podrá huir por mucho que lo desee. Esa escena, sublime, es el cuarto bucle que fui capaz de reconocer y que me iba envolviendo cada vez más en el infierno del personaje. La música, brillante en su uso y adecuación al tempo de lo que se narra, que se convierte en otro elemento de alto alcance para herir al espectador en lo emocional.

Más simbólicamente, Brandon aparece en sucesivas ocasiones de espaldas -sobre todo en las conversaciones frustrantes con su hermana o en los momentos en que se complica la comunicación o hay un malentendido, como en el restaurante con su compañera de trabajo-, y en algunas de esas ocasiones con la cabeza baja. Desde atrás, aparece sin cabeza. Brandon está decapitado en muchos planos y se  demuestra una intencionalidad en el diseño de la puesta en escena que sería muy injusto no reconocerle como mérito -entre muchos otros- al director de la película. El personaje solo sabe actuar impulsado por su adicción , angustia y desesperación y no razona conscientemente sus acciones y todo queda perfectamente reflejado en cada decisión del McQueen en cuanto a lo que muestra y no muestra en pantalla. Nada está en manos del azar y todo funciona como un mecanismo milimétricamente construido para la mostración de lo que en la historia está siempre latente: la desesperación y la incontinencia del impulso.

Tres largos planos secuencia -o casi- terminan por rematar esta intencionalidad: el primero, la PLUSCUAMPERFECTA interpretación de Carey Mulligan del New York New York que consigue trasladar emocionalmente al espectador al lugar más cercano posible de Brandon. Una escena que quedará para siempre registrada en mi disco duro y que casi logra arrancarme las lágrimas en las dos ocasiones en las que la he presenciado. McQueen te coloca con ella en el clímax de la empatía con su atormentado personaje y te anuncia que lo que te queda por comtemplar va a golpearte muy duro.

El segundo, la conversación entre la compañera de trabajo de Brandon y él en el restaurante, cuando éste trata de buscar un acercamiento  más convencional y pausado con una mujer y se pone de manifiesto que es un terreno estéril, desconocido y doloroso para él. Una conversación hábilmente interrumpida en un guion inteligentísimo por un camarero que parece nacido para poner las cosas todavía más difíciles. Tal conversación termina con un encuentro sexual fallido posterior que iniciará una caída progresiva del personaje al estómago de sus problemas que le acabará prácticamente digeriendo.

El tercero, la terrible conversación entre los dos hermanos que asalvaja y muestra una relación infectada, por parte de él por su falta de control sobre sus impulsos -aterradora la reacción de Brandon cuando su hermana se le acerca demasiado en la cama o lo descubre masturbándose- y por parte de ella por su imposibilidad de autogestionar su propia vida y exigir y demandar un afecto que precisamente Brandon no puede ofrecerle porque no sabe cómo hacerlo. Y menos sin utilizar la única forma que conoce para lograrlo.

Y es en este punto donde está el drama de la película. Porque la historia de Shame no es una historia de sexo, o no lo es solo de sexo. Tampoco de una adicción concreta, porque podría ser cualquier adicción. Es la historia de una incapacidad, la de un ser castrado emocionalmente para relacionarse de forma plena y satisfactoria. Es la historia de alguien que no puede escapar de tal incapacidad y que ha sustituido el placer por el dolor a través del supuesto placer. El sexo y el uso que de él hace el personaje vehicula la historia que McQueen nos cuenta pero sería muy necio creer que al final la historia “va” de eso, o que nos sermonea moralmente en ese sentido. Y lo sería porque en incontables momentos vemos claramente que su uso del sexo no está controlado, y que tan solo existe para calmar la incapacidad  y el dolor que el personaje siente. Así que da un poco igual la adicción que sea; podría ser el juego, la cocaína o la politoxicomanía. Aquí es el sexo. Pero nada más.

La caída final progresiva de Brandon para muchos es criticable. No para mí. Brandon se abandona porque su frustración le lleva a la autodestrucción, y eso se observa claramente en el bar, en lo que pienso es la escena más dura, inteligente, arriesgada y potente de la película. El personaje se castiga hasta el extremo y su actuación tiene que ver con eso. Todo lo que sucede en esos 15/20 minutos es un paseo por el dolor  y la humillación personal del personaje pero no por las prácticas a las que Brandon decide abandonarse, sino por el propio abandono y la incapacidad que tiene de controlarse como lo haría un yonqui de cualquier otra adicción que sufriera. Brandon siente vergüenza por ser incapaz de vivir una vida normal y fingir constantemente que la vive. Por no poder ayudar a su hermana. Por no poder relacionarse con nadie. Por no poder cuidar de sí mismo. La vergüenza por no estar “conectado” (como le recuerda un personaje en un momento clave de la película)  tal y como cualquier ser humano debería estar capacitado para estarlo con otro o con su entorno. Quienes se escandalizan por un lado o critican ese tramo final por otro tendrán sus motivos, pero pienso que se alejan de la verdadera intención de la película que es mostrar el descenso a los infiernos de un adicto a la autodestrucción que quiere pero no sabe -ni parece poder- abandonar la rueda gigante y sin escapatoria en la que se ha convertido su vida. Lo que sucede en Shame es consecuencia de la adicción, no del uso del sexo que Brandon haga. No escandaliza, en la película, que se lo monte con una, dos, tres o ciento cincuenta mujeres. Ni que se la casque cada mañana tres veces. Ni que tenga tanta pornografia en casa que le sea difícil esconderla. Escandaliza el dolor y la humillación que el personaje sufre por ser incapaz de controlar conscientemente su práctica convirtiéndolo en un títere de sus impulsos. Todo lo que le ocurre a Brandon acaba siendo consecuencia de la adicción y no del sexo -de la índole que sea-, y ver otra cosa me resulta un tanto superficial. Es quedarse en #elpenedeFasbender , como corre el hashtag ya hace unos días por Twitter. O pensar que porque un acto dramático final se desencadene en el momento álgido del comportantamiento autodestructivo de Brandon, éste sea causa del primero. Y es absurdo porque en un plano se explica claramente que aquello iba a volver a repetirse -último bucle- y por lo tanto no es -solo- responsabilidad del personaje. Y también porque la mirada final de Brandon en el metro no se intuye que haya o deje de haber ningún tipo de cambio en su actitud debido a ese hecho, y tal corrección si se diera en la realidad requeriría de un proceso mucho más largo y complejo. En una adicción, un hecho puntual no “cura”, por muy dramático que éste fuera y decir lo contrario es no conocer las adicciones y lo que comportan, y en mi opinión no haber entendido absolutamente nada. Pero es solo mi opinión.

Y no se puede terminar un comentario de esta película sin hablar de Michael Fassebender. ¿Existiría esta película sin él? No lo sé. Probablemente, pero sería distinta. El atrevimiento de este actor, en pleno auge de su carrera, a interpretar a Brandon y su problemática por un lado y su acierto descomunal al hacerlo por otro definen a un tipo del que desde luego vamos a oír hablar y mucho. Su interpretación es una de las más grandiosas y aterradoras que he podido ver en una película y no era fácil porque era mucho lo que se jugaba y a priori parecía que podía perder más que ganar. Será difícil ver otra demostración interpretativa de tal calibre en mucho tiempo -aunque espero equivocarme- del mismo modo que dudo que se me olvide jamás la mirada (casi a cámara) de Fassbender en el momento de clímax del último de sus encuentros sexuales, que por su desgarro no logra romper la suspensión de incredulidad pese a mirar directamente a los ojos de los espctadores. Literamente pidiendo ayuda con su mirada y con su cara, grotesca y casi deformada, consiguió -aquí sí- que se me escaparan un par de lágrimas por todo el sufrimiento que me había hecho pasar hasta el momento con su torturado personaje.

@xfar1

Ja està, s’ha acabat. Després de moltes sessions, cues, alegries, tristeses, passions, somriures, enrabiades, angúnies… tot barrejat. Ja s’ha acabat.

I un cop més, les meves vacances -reals- s’han anat i m’han deixat orfa d’emocions un cop més a les portes d’uns dies que s’intueixen freds, complicats. Provaré de pensar en el proper octubre -que ara sembla llunyà i decidit a fer-me-les passar putes-… encara que sé que les coses que acaben només deixen viva la nostàlgia, com els personatges de l’excelent Herois es van encarregar ahir de explicar-me de la manera més directe…

Tinc ganes d’explicar com han anat les coses durant aquests dies a la ciutat més maca del món, d’explicar les emocions que he anat sentint amb les pel.lícules que he pogut veure, experimentar… sentir, en alguns casos; però no sé si aquestes ganes acabaran un cop passin els dies. Aixi, començo quelcom que potser acaba d’aquí a dues hores… o potser d’aquí a uns anys.

Mai se sap. Aquest bloc és una mena de lluita i contradicció continua. I em sembla que sempre serà així. Ves a saber: potser és la única manera que tinc d’afrontar tot allò que em fa anar més enllà de la rutina de cada dia…

Deixo a continuació els títols de tot allò vist des del 7 fins al 17 d’octubre. Ara manca saber si en tindré ganes de fer més comentaris. Els dies ho diran.

Ara estic massa ferit pel final de la ilusió.

Catfish. Los ojos de Julia. Confessions. Rubber.  A woman, a gun and a noodle shop. Agnosia. The shining. Legend of the fist. Notre Jour Viendra. Carne de neón. The Last Exorcism. Secuestrados. Fase 7. The Ward. La casa muda. Dream home. Vanishing on 7th street. Insidious. 14 days with Victor. The new daughter. Outrage. Amphibious 3D. I want to be a soldier. We are the nights. The perfect host. Monsters. Uncle Boonmee Who can Recall his past lives. Let me in. A Serbian film.  Herois. The Housemaid. Mother’s day. I saw the devil.

(escrit per ser publicat el passat dissabte dia 11)

 

Avui no vinc sol a Sitges. Finalment, i després de molts anys de veure com jo marxava sol amb el tren al voltant de l’octubre per veure un seguit demesurat de pel.lícules, dos dels meus amics s’han decidit a acompayanar-me i veure amb els seus propis ulls què coi és això del Festival. Encara que això era l’excusa, perquè el que ens venia de gust a tots tres era trobar-nos i passar unes bones estones dinant, sopant o al cinema. Però tots tres junts i rient-nos de tot i tothom, inclosos nosaltres mateixos.

I ha estat realment agradable. Amb ells el Festival lluia més perquè ja sabeu el què diuen: tot existeix en el moment en que algú més t’acompanya i les coses només es carreguen de sentit quan algú més participa de les teves vivències. I és molt cert. I si aquest algú són dues de les persones que més t’aprecies, doncs el resultat és una experiència el doble de maca i satisfactòria del que normalment ja és.

El que no sé és com haurà estat per a ells. Em consta que s’ho han passat de conya i han rigut molt, però la qüestió cinematogràfica no ha estat la més encertada, en el seu cas. I això que els cabronassos han vist la que es diu serà la gran triomfadora del Festival, la sueca Let the right one in. Una història preciosa entre un nen que no troba el seu lloc i una nena vampiressa que li fa la vida més fàcil i agradable. Una posada al dia i una nova perspectiva del tema del vampirisme al cinema, i una bufada d’aire nou a tots aquells que de vegades creiem que determinats temes poden estar morts i enterrats. El problema, però, pels meus amics Jose i Marc ha estat que es tracta d’una cinta de ritme lent i que s’ha passat a una hora complicada i a més un divendres, el dia que tothom està més cansat. I no els hi ha agradat. Què hi farem! M’ha sabut greu, però el que és maco del cinema és la varietat de gustos i opinions, i el fet de compartir una pel.lícula i poder comentar-la amb ells ja ha estat prou regal per mi, que de vegades tendeixo, en això del cinema, a un cert aillament.

Ja en parlaré, d’aquesta història de vampirs tan peculiar en el seu moment. Però ara vull acabar de comentar el dia. Perquè la cosa s’ha posat realment divertida quan un cop dins de la sala he sentit que algú cridava el meu nom. I jo que em giro i veig a dos ex alumnes de l’any passat, el Pol i el David, cridant-me a uns metres nostres. M’apropo. Estaven exultants. Les seves cares brillaven. Em recordaven a mi fa molts anys, quan anava pel Festival al.lucinant amb tot el que veia, i fent els possibles per entrar a la sessió que fos, si podia ser pel morro. Exactament el que els dos peces aquests han estat fent: els paios s’han fabricat una acreditació de… promotors??? i amb ella han entrar per la cara a un parell de sessions, inclosa la vampírica que esmentava abans. Nada más y nada menos! La peli que tohom volia veure! I els animals han aconseguit passar! Impressionant!

No podia parar de riure, i em semblava genial. I no com a demèrit del Festival, ni molt menys. De fet, estic convençut que els han deixat passar de pura simpatia i pel morro que li han fotut al tema, sobretot desprñes que m’expliquéssin amb més detall com ho havíen aconseguit… Em sembla genial per l’entusiasme, per les ganes, per la cara i per l’expressió que feien tots dos en veure la sala i on eren, en estar al Festival. En gaudir del cinema, en definitiva. Pol, David, ja us he dit pero ara ho repetixo públicament: el vostre ex tutor i professor de castellà és el vostre fan número 1! I l’any que vé espero tornar-me a trobar amb vosaltres!

M’he deixat de comentar que abans de tot això s’ha passat Prime Time, una òpera prima d’un director espanyol força fluixeta i que abans d’ella, s’ha projectat un curt -anomenat SNIP-, que ha fet regirar l’estòmac a més d’un i de dos… Aquest Sala és un terrorista! I cada cop em fa més al pes com a director del Festival, la veritat…

Demà s’acaba el tema, nois. I ja veig a venir la meva reacció. Però de moment gaudim de les hores que falten, i afortunadament, aquest cop en bona companyia… Que duri!

 

(demà Long Weekend, Sessió sopresa i The city of Ember)

Director: Pascal Laugier

Productors: Richard Grandpierre, Simon Trottier

Productors executius: Marcel Giroux, Frederic Doniguian

Guió: Pascal Laugier

Fotografia: Nathalie Moliavko-Visotzky, Stephane Martin

Muntatge: Sébastien Prangére

Música: Alex i Willie Cortes

Disseny de producció: Jean-André Carrière

Direcció artística: Louis-René Landry

So: Philippe Mercier, Germain Boulay, Jerome Wiciak

Efectes especials (supervisió): Antonio Vidosa

Efectes especials de maquillatge: Bendit Lestang, Adrien Morot

Efectes visuals: Groupe Image Buzz

Vestuari: Claire Nadon

Intèrprets: Morjana Alaoui, Myrlène Jampanöi, Catherine Bégin, Robert Toupin, Patricia Tulasne

 

(França/Canadà, 2008)

 

http://es.youtube.com/watch?v=5dXxk4pKyZU (trailer)

 

L’Àngel Sala va dir a l’estiu, tinc entés que després de veure Martyrs a Cannes, que la cinta del Pascal Laugier era la pel.lícula més extrema que havia vist mai. De fet, fou la primera notícia que vaig tenir del Festival d’enguany i em va suposar el meu primer petit dilema de la temporada; us explico el perquè.

Fa uns anys, concretament al 92 quan s’acomplien els 25 anys de Festival de Sitges, vaig veure una cinta del Peter Greenaway que va fer que em veiés obligat a abandonar la sala amb un fort atac d’angoixa. Mai m’havia passat, una cosa així, i més tenint en compte que des de ben petit havia vist i era un absolut fan de qualsevol pel.lícula de terror i sang i fetge que us poguessiu imaginar, i per tant el fet em va agafar per sorpresa. La producció es deia The Baby of Macon, i la imatge que em va fer abandonar la projecció tenia a veure amb un nino de cera que representava un bebé al qual mutil.laven amb un ganivet de cuina. Tot molt simbòlic, però a mi em va produïr un efecte absolutament devastador, ves a saber el perquè.

Després d’això la cosa es va repetir una vegada més, però a casa. I mentre veia Henry, portrait of a serial Killer del John MacNaughton. L’escena del desmembrament d’un cadaver a una banyera va ser en aquest cas la responsable, i la sensació de pànic em va tornar a envair fins el punt que vaig haver de aturar el reproductor VHS que en aquella època utilitzava per veure cinema a casa.

No sé si heu patit algun cop un atac d’angoixa, però no és gens agradable; i és clar, no volia -ni vull- que això em tornés a passar. Per això ahir al vespre, al davant del Melià Gran Sitges, davant l’Auditori, m’ho vaig repensar força, abans d’entrar a la sala per veure Martyrs. I més quan algú que en sap força més que jo de cinema i s’hi dedica en cos i ànima em va comentar que al matí s’havien endut algú en l’ambulància que l’organització del Festival havia preparat per garantir el benestar del públic i que algú altre, al passi de premsa, havia acabat vomitant. Tot plegat encara em va inquietar més. Però aquesta mateixa persona també em va dir que l’expèriència vali la pena, i que em llencés a la piscina. I li vaig acabar fent cas.

El Pascal Laugier ha construit una història que consta de diferents trams que enganyen amb intel.ligència a l’espectador amb una realització solventíssima i que subratlla la seva capacitat -indiscutible- per inquietar i fer mal a parts iguals. Així, en un inici que et clava a la butaca assistim a la fugida d’una nena mig despullada i visiblement maltractada d’un lloc indeterminat que aparentment sembla un cau de tortures disfressat de garatge. A partir d’aquí la nena provarà de recuperar-se a una llar d’acolliment i allà rebrà les visites constants d’una mena de dona esquelètica que l’ataca i l’espanta a qualsevol moment i a qualsevol lloc on pugui trobar-se, i de la que no coneixem cap informació. L’únic element positiu que té la nena al seu voltant és l’amistad que inicia amb una altra nena, i que l’ajuda a guarir-se mínimament del malson que la persegueix des que va fugir d’aquell lloc misteriós.

Passats quinze anys, una noia irromp enmig d’un esmorzar d’una família benestant i dispara i mata a tots els seus membres amb una escopeta. És la mateixa nena, ara adulta, que demana -abans de disparar- al fill de la família si sap què van fer els seus pares. Arrel d’això tot es desenvolupa, i un infern cau sobre les notres protagonistes. Un infern en forma de dolor i desesperació com poques vegades s’havia vist a una sala de cinema.

Martyrs és una cinta que navega pel damunt de força temes, o almenys intenta fer-ho. Un d’ells és el dolor i el patiment, però aquí justificats per als inductors d’aquests com a element catalitzador i constructor d’una suposada transfiguració gairebé mística. El realitzador ens dispara amb un seguit d’imatges hiperrealistes en un últim tram de metratge de difícil digestió i fa passar a l’espectador un autèntic via crucis, un martiri veritable que segons ell ha de fer-li enfadar per aconseguir l’efecte desitjat. Tortura la protagonista dela història i ens tortura a nosaltres fent que ens trobem gairebé davant un dilema moral: continuo mirant la salvatjada o desisteixo i marxo? Qui veu Martyrs està, sense potser voler-ho, descobrint el seu propi llindar de tolerància davant la violència més explícita, davant unes imatges atronadores; unes imatges que potser no mostren tant com s’ha pogut veure a d’altres pel.lícules grandguignolesques, però que sí que les mostren des d’un tempo i un visionat continuat i sense concessions.

Deia que navega sobre temes, i el fet és que tota aquesta violència -sense entrar en si és o no justificable, un debat que considero fòra de lloc i força absurd- està matitzada aparentment per  la lectura mística que deia més amunt. I per mi hi ha un petit problema: un cert apunt pedant del realitzador que voldria allissonar-nos amb una dosi de dolor en vena de la que no poguessim escapar perquè entenguem un determinat punt de vista, primer dels personatges-botxins de la història i segon del propi Pascal Laugier, a la recerca d’una certa justificació a tanta salvatjada. Si es volia fer un filme violent i copejar-nos, produir-nos una reacció, violentar-nos, estaburnir-nos, potser no calia tant trobar el motiu que justifiqués aquest aspecte. Es fa i ja està, sense més miraments. Perquè si al final el que es vol es provocar alguna cosa -ell mateix ho ha dit- em penso que no calen explicacions de pa sucat amb oli i que desarmen un argument que fins el moment de la tortura duia l’espectador pel camins més terribles del desconeixement, del no saber perquè està passant el que està passant. Per mi, no funciona el punt místic del dolor, la recerca sectària del no creient de l’aspecte del màrtir com a testimoni del més enllà. I tot i que em sembla una cinta nascuda de la honestedat d’un director fascinat per un determinat tipus de cinema, aquesta mateixa honestedat queda tacada en aquest punt, que penso és un error comés per qui desitja fer partícip a l’espectador-d’una manera una mica avergonyida- de la fascinació per la violència a la que feia referència abans. I aquí sí que ho trobo una lectura molt típica de la nostra cultura, molt culpabilitzadora. O no és cert, senyor Laugier, que sap vosté perfectament que aquesta pel.lícula s’anirà a veure pel morbo que provoca tot el que s’ha dit d’ella?  Deixem-nos de punyetes, doncs, i parlem clar: és una cinta nascuda de l’atracció per un tipus de génere a la recerca de la màxima expressió de bufetada visual.

I en això faig referència a la culpa: cal justificar-se quan es crea una obra d’aquest tipus, titllada d’immoral? Perquè que jo sàpiga, el Pascal Laugier no ha assassinat ningú… Ha dirigit una pel.lícula i l’ha posada a l’abast de qui la vulgui veure. I sí bé és cert que el visionat d’aquest manual de la crueltat no té garanties d’arribar al públic adult, i que tothom -fins i tot menors d’edat o gent sensible- i pot arribar a tenir accés, no podem començar a parlar de censura, de no distribució, de demonització. Bàsicament perquè hauríem de començar a censurar moltíssims aspectes del nostre entorn que també atemptarien, aparentment alguns i de forma indiscuitble d’altres, contra el bon gust i la sensibilitat. O no estem envoltats de violència a qualsevol hora, qualsevol dia i a qualsevol mitjà de comunicació? 

Què hagués passat si no haguéssim pogut assistir amb llibertat al descobriment de obres artístiques de tot tipus que travessaven els llindars del que es consideraria raonable, o políticament correcte? L’art és art, i si bé podem discutir què pertany al fet artístic o que no, Martyrs té al darrera moltes virtuts, apart de la de la pura mostració de la violència. Té una primera part tremenda i terrorífica, que fa posar els péls de punta i que omple el seu guió d’unes expectatives més que correctes. Té unes interpretacions a flor de pell, creïbles i sinceres, i sobretot implicades amb el projecte. Té més capacitat per dur-te més enllà que moltes d’altres cintes que han provat de fer-nos travessar els nostres límits de tolerància i que se’ns dubte eren molt més barroeres i de menys qualitat, i sobretot, i per damunt de tot, sorgeix de la ment d’un home que ha creat alguna cosa que transmet alguna cosa. Amb més o menys encert. No cal buscar més enllà d’això, que ja tenim prou dimonis a la nostra societat. Llàstima que perdi força amb el ja comentat i amb la deixadesa alhora d’aprofondir en els personatges…

Una pel.lícula, doncs, que m’ha tornat a demostrar que el cinema encara pot crear controvèrsia, i que està viu i ben viu. Que pot sorprendre i molestar, i que quan vol és un medi molt, molt gran. I també que encara em poden clavar a una butaca i no deixar que em distanciï del que estic veient, demostrant-me que si hi ha un bon realitzador al darrera, al davant hi ha, com a mínim, una pel.lícula competent. I no vaig tenir cap atac d’angoixa malgrat que en més d’un moment de la cinta volgués abandonar. Em penso que és una pel.lícula que no tornaré a veure, malgrat no em penedeixo d’haver-la vist; però si decidiu anar-hi, tingueu molt clar què és el que aneu a veure: podríeu tenir una sorpresa desagradable.

 

 

Arribo a l’Auditori i avui toca Martyrs, l’experiència definitiva del Festival, diuen; i em dic a mi mateix que no llegeixi res, que no val la pena. Que ja estic prou influenciat per tot el que s’ha dit i he sentit. Però no m’en puc escapar i entro a l’hotel a la recerca del diari del dia. Allà hi llegeixo un article, on ve a dir que la peli del Pascal Laugier és d’un radical que fins i tot se li va fer difícil a l’Àngel Sala en el seu passi a Cannes, sobretot en el seu tram final. Collons. Tanca el diari imbècil!

Passejo per la cua. No ho tinc clar. He passat experiències desagradables en un cinema que no em ve de gust repetir. Veig un amic del meu cunyat i em diu que ha parlat amb gent que ja l’ha vista i que els hi ha agradat, però no em parla de le seva violència. Continuo caminant i l’inquietud se’m va menjant… I això que n’he vistes de tots colors, dins una sala de cinema! I des de ben criatura, cony!

Òstia… Veig una ambulància? Sí: al davant de l’Auditori hi ha plantificada una ambulància. Que ha passat res? Segueixo caminant i vaig cap a les guixetes de Teleentrada. Allà parlo amb un conegut crític de la televisió, que a més és un paio encantador. M’explica que l’ha vista pel matí. Que és terriblement morbosa. Que l’impacte i la cruesa de les seves imatges ha fet vomitar al matí a algun espectador. Que la sala durant la projecció estava en un silenci sepulcral i realment impressionant. Que hi vagi, que no m’ho pensi. Que sí, que l’ambulància l’ha posada la organització del Festival per si a algú la peli se li posa “malament”, però que de ben segur que val la pena el risc. Li contesto que ara estic encara més nerviós, i em ric. I em proposa el següent:

“tu entra a la sala. La peli dura 96 minuts, i el que penso que és el millor de tot passa a l’últim tram de la cinta, els 10 últims minuts. Si no pots aguantar, marxa de la sala, però fixa’t quan resta pels 10 minuts finals, i aleshores tornes a entrar. A la sortida si em veus m’expliques el què”.

D’acord, doncs. M’hi fico.

I aleshores entra el Pascal Laugier. I explica que Martyrs és una cinta incòmode i molt negativa, que transmet males vibracions. I que si volem li tornem a ell totes les que experimentem, que ho accepta. Que tot el que s’està produint al voltant de la cinta pot fer que la veguem “contaminats” pel llegit i escoltat, i que per tant ens deixem portar oblidant-nos de tot perquè ell ens volis fer oferir, com a espectadors, uan experiència total, nova, brutal i d’un impacte visceral.

S’apaguen els llums i abans de la pel.lícula passen un curt d’un director novell argentí, Mamá. I quan acaben els breus 5 minuts que dura, comença el missil immisericorde que és Martyrs.

En sortir moltes càmeres de la tele; les esquivo: no suporto que em filmin! Preguntes típiques, sobre la violència de la cinta. Respostes de tots colors, algunes francament irritants, la veritat. Quan surto de l’Auditori i em dirigeixo a l’exterior m’acarina un aire frecot i bo, i em sento alliberat. Ja he passat l’experiència, la muntanya russa. He estat martiritzat? Em penso que sí. Tots nosaltres. Ja en parlaré en una altre post, en tot cas…

Veig al crític (disculpa el tractament, si llegeixes això!). Em diu que què tal. Li dic que bufff.. que tela marinera. Que l’he aguantada i que no m’he mort. I que és una cinta com a mínim curiosa i que encara he de païr. El deixo gaudir del seu sopar, fa cara d’agobiat. Em relaxo prenent el disseté café del dia. I penso molt en el que acabo de veure. Molt. I mentre ho faig escolto el que de ben segur el director no vloia escoltar: un xaval amb una samarreta de la Matanza de Texas li diu a un altre que “lo mejor ha sido cuando cogen a la tía y la bajan a…… (bla bla bla) y le hacen… (bla bla bla)”. Aquest és el vertader perill d’aquesta pel.lícula. Perquè escolteu, només és una pel.lícula, no un crim. No una peli qualsevol, però és el que és ni més ni menys. I potser més d’un hauria de recordar-ho. 

I evidentment, el que ve ara està molt desvirtuat. Blindness, del Meirelles, basada en una obra del Saramago, i que tenia moltes ganes de veure es converteix en una pel.líucla “a posteriori” de l’impacte de la producció francesa, que m’ha deixat en estat de xoc. Provo d’allunyar-m’hi i em centro en la cinta que ara es projecta. Quan ho faig veig quelcom que serà un éxit de taquilla… què us hi jugueu?. Quan surto del cinema i em dirigeixo al cotxe són les 00:00 tocades. Per primer cop des que sóc al festival miro enrere, cap a la foscor, quan vaig a cercar el cotxe. Somric: feia temps que una pel.lícula no em provocava tant… hi torno a sentir-me criatura.

I cap a les costes. I d’allà a casa. I demà, el vertader martiri: el despertador. Puta realitat… que algú s’encarregui d’ella, sisplau!

(post pensat per ser penjat ahir dimarts)

 

Estic fins el collons de bocatas. No puc començar d’una altra manera aquest post, o article, o com se li digui que d’aquesta forma, tenint en compte que porto cinc dies alimentant-me de pa, embotit i un altre cop pa. Patètic. Però és que això no s’atura, i jo vaig tant de cul que ja no sé ni qui coi sóc. De fet, ahir escrivint sobre el biopic del Thompson em va semblar al.lucinar de manera considerable i em penso que d’alguna manera això s’hi veurà reflectit en el comentari; ara falta veure quan coi l’acabo i el publico.

Disculpeu la vulgaritat, però és que avui m’he adonat que no tinc temps ni de rendir comptes amb la meva pròpia natura. I m’he adonat de la pitjor de les formes: només arribar a casa de la feina he notat que l’estòmac reclamava el seu propi espai per tenir una conversa seriosa amb la tassa, la seva amiga i confident de sempre; i m’he adonat que feia uns quants dies que aquesta conversa, sempre interessant i constructiva, feia temps que no es desenvolupava de forma regular. Això m’ha fet posar-me alerta i he decidit que calia parar un segon i respirar. I un cop havent respirat profundament, preparat un bon cafetó (el que em faltava, diria més d’un que em coneix) i relaxat m’he dirigit cap a Sitges un cop més. Ciop de cotxe, de volant, i música del Damien Rice clavant-me ósties. Pel mirall només el mar, i sempre fugint de tot allò que sempre provo de deixar enrere… 

Arribo. I estic de mala lluna, ho reconec. Avui és dilluns i la màgia que tots aquests dies envoltava la meva existència s’ha convertit en qualsevol cosa excepte això. La tornada a la rutina és com la bufetada de realitat que marca el final del somni i el principi de la realitat, encara que de vegades aquesta realitat sigui interessant i constructiva. El cas és que essent comés avui dilluns, m’és força difícil determinar què té d’interessant qualsevol cosa que tingui a veure amb responsabilitats i compromisos. Suposo que demà veuré les coses d’una altra manera. O això, o inauguraré una nova forma de depressió, no tant postvacacional -no estic pas de vacances quan vaig al Festival– com postil.lusòria.

Com sempre el primer que veig són les cares dels friquis de sempre -els mateixos que deuen pensar el mateix de mi- i m’adono que últimament la meva vida sembla encerclada en una repetició de l’estil del dia de la marmota a la pel.lícula del Harold Ramis: cinema, cua, jalància, cinema, cua, jalància.. i així fins a quatre vegades en un sol dia… Enteneu-me: no em queixo pas, m’ho passo molt bé, tant sols penso en com un cosa tant absurda em pot arribar a fer tan sumament feliç… ja ho pensen, alguns dels meus alumnes, que estic com una cabra. No m’estranya. Jo ho pensaria.

El dia comença amb La possibilité d’una ile de l’escriptor i ara també realitzador Michelle Houellebecq. I vinga, serem sincers: dels 90 minuts i escaig que ha durat la projecció una part considerable me la he passada clapant com una marmota. No sona massa elegant, ja ho sé, però tampoc és elegant mentir, i preferixo ser sincer amb volsaltres. I el fet és que la part més interessant de la cinta la vaig viure en despertar, quan la cosa va de capa caiguda… una pel.lícula força pesada i prou espessa com perquè la gent xiulés al final de la projecció, un fet que aquest any encara no havia observat malgrat més d’una de les produccions vistes fins aleshores s’ho mereixés…

I quan tot semblava perdut, patapam! Arriba la salvació. Jo ja m’estava plantejant fotre el camp, degut al cansament que m’estava envaïnt. I em temia el pitjor amb The good, the bad and the weird, l’última de les pel.lícules que veuria aquesta nit. Però finalment decideixo quedar-me i sort que ho vaig fer! Primer perquè quan accedeixo a la sala topo amb un paio que prèviament havia vist al bar col.locant-se de cerveseta una darrera de l’altre. I com el paio estav envoltat de càmeres, doncs la suposició que és algú conegut és ara una evidència… I a més es que em sona, però no el situo…

Un cop dins l’Auditori m’assec i les càmeres el tornen a perseguir. És obvi que li faran un homenatge, i que és algú clarament relacionat amb el món de la direcció… Qui coi és? I de cop i volta, quan ja sóc a la meva butaca, em ve al cap: és el Ferrara??? Doncs sí. Li donen la famosa Màquina del temps com a reconeixement a la seva obra i el tio que s’apropa a l’escenari i la rep, borratxo com una cuba. I si no el reconeixiaera perquè el tio s’ha engreixat  i està com un bacó!

I comença i no para: que si ell es deu al Buñuel, que si el premi és fantàstic (encara que pregunti què coi és, que no ho sap reconèixer…) i evidentment, jo demà penco. I tinc pressa! M’impaciento i espero que el paio calli d’una vegada perquè sé que la peli coreana dura 130 minuts… I quan finalment calla, comença.

I el que comença és la cinta més divertida que fins ara he vist al Festival. Sense ser una meravella, en gaudeixo moltíssim, dels personatges i de l’animalada que ens proposa aquesta mena d’spaghetti western a la coreana, i es converteix així en el millor que he vist fins ara a la secció oficial. Trist, però és el que hi ha.

Faig a més conversa amb els del costat i ens ho passem com criatures veient-la. Quan acaba estic desvetllat i això em salva la vida: i és que en tornar per les meves estimades costes aquest fet fa que no em mati quan gairebé topo amb unes inoportunes obres que fan aturar el vehicles gairebé sense avisar. La mare que us va parir…. Mentre espero fixo els ulls a la llum vermella del semàfor que té a la ma un dels operaris i penso que demà veuré la que diuen és la cinta més polèmica del Festival: Martyrs. Ja em té fascinat – i acollonit- d’entrada, per tot el que s’ha dit. Estarà a l’alçada?

Quan torno a engegar el motor torno a batre el meu récord de temps per travessar les 101. I el somni esdevé carn trepitjant l’asfalt de la carretera que més m’estimo.

 

(Demà Martyrs i Blindness)

De dia, Sitges és encara més maco; sobretot si el blau del cel i el del mar conflueixen prou com per fer adormir els malsons i fer-te veure que pots gaudir de l’espectacle dels colors naturals. Avui Sitges m’ha esperat amb la seva millor cara, però per desgràcia no puc dir el mateix del Festival: mal dia per l’aficionat, el dia d’avui. Almenys si parlem del meu dia.

A les 15 hores he estrenat l’anomenada sala Tramuntana. No mata, l’espai, i no el recomenaria per anar a veure qualsevol pel.lícula: hi entra massa llum i tot plegat recorda una mica a un cinema de barri, que seria vàlid per al visionat de certes produccions però no pas de totes. Afortunadament el que allà he vist no necessitava massa de les virtuds tecnològiques de les modernes sales de cinema, només requeria les ganes de saber-ne més del creador de l’anomenat periodisme Gonzo, el grandiós Hunter S. Thompson, un dels ídols de la meva adolescència. Només adelantar-vos que el biopic val molt la pena i que fa un repàs al.lucinant -i al.lucinat- no només de la vida d’aquest animal salvatge del periodisme, sinó també de la història més recent dels USA, i no precisament per fer-ne una propaganda del tot positiva. Ha estat magnífic començar així el dia, però no tant continuar-lo ni acabar-lo.

La següent producció que m’he empassat a vui s’anomena The Sky Crawlers, i la veritat és que m’ha resultat una vertadera empanada mental. Mireu, no m’importa gens que les pel.lícules siguin lentes o molt lentes quan la història ho reclama, però no entenc que això sigui així en aquest cas, i només ho comprenc assumint que han volgut transcendir no només amb el que a la cinta s’hi explicava, sinó també resultant pedants i tediosos amb les seves explicacions. El creador de Ghost in the Shell tenia ganes d’explicar-nos una història que des del meu punt de vista ja s’ha explicat força vegades amb un embolcall magnífic, això sí, el d’un manga preciós i d’estética impecable. Més enllà d’això no he sabut veure gaire més, encara que potser és que tenia un mal dia… I si a aquest fet li afegeixes que al meu davant hi tenia el capgros més impresentable i arrissat de tot el cinema, doncs la cosa encara es posa pitjor… Sisplau, quan aneu a veure una pel.líucla a una sala procureu no molestar massa al de darrera movent-vos i fent l’imbècil: jo ho faig i si no ets un autèntic retardat no costa massa. 

Però la veritable decepció ha estat Vinyan, la nova produció del Fabrice Du Welz, el responsable fa uns anys de Calvaire. Envoltada d’una mena d’aura de misteri s’ha presentat aquesta producció que compta amb dos bons actors (el Sewell i la Béart, magnífics) i que no ha pogut escapar de resultar avorrida i fins i tot pedant quan tot feia preveure una bona estona de mal rotllo ben filmada i millor interpretada. Tot, però, es perd en la mateixa espiral que la pròpia cinta crea i no sap cap a on navega per acabar ofegant literalment a l’espectador, que no sap ben bé què està contemplant ni per on navega la història . Llàstima, perquè l’inici i certs moments de la peli són francament bons, però…

En fi, no ha estat un bon dia. I demà a currar i a iniciar una setmana on hauré de passejar-me amunt i avall tirant de cotxe i de costes per gaudir diàriament de la sensació de felicitat que em proporciona aquest Festival, per molt que de vegades la qualitat de les pel.líucles que hi projecta provin de prendre-me-la. De fet, les pel.lícules que veig al festival i que no m’agraden són menys dolentes per a mi, perquè tenen un plus: sempre les recordaré dins el marc que més em fa somiar.

Fins demà!

(demà La possibilité d’una Ile i The good, the Bad and ten Weird)

Pàgina següent »