música


Desde la insoportable levedad de un ser llamado Brandon, los bucles y círculos concéntricos de una vida atormentada se suceden uno tras otro en una de las grandes películas que han inaugurado mi año cinematográfico particular en la lectura de una partitura particularmente descarnada.

Mi conexión con Shame en el cine fue muy rápida. El primer plano de la película ya me declaró públicamente su amor envuelto en la frialdad azul de una preciosa fotografía que iba a repetirse durante todo el metraje. Y en seguida el primer bucle, el primer gran círculo mostraba la angustia que querían comporatir Fassbender y McQueen con el patio de butacas. En el recorrido absurdo de la cama al contestador automático, en la repetición de las palabras anodinas de la emisora del mensaje telefónico, en la decisión de cada uno de los tiros de cámara que acompañaban a un desnudo Brandon reconstruyendo su tortuosa rutina diaria.

Los bucles continuaban. Una preciosa escena en el metro de Nueva York me advertía del talento del que había orquestado aquella peligrosa ratonera. La asfixia comenzaba a hacerse explícita en cada (no) decisión del personaje principal. En cada gesto, en cada mirada. En cada una de sus sonrisas rota  Fassbender/Brandon se hacía con mi compasión poco a poco, como un animal que comunica sin hablar su necesidad de auxilio. Todo se desarrollaba en un marco de perfección formal que a algunos les alejaba de la historia… mientras que a mí, y también a otros muchos, nos acercaba cada vez más. Hasta que no podíamos escapar de ella. Hasta que el extremo de ese segundo círculo del infierno terminó alcanzándose a sí mismo al final de la película, cerrando así una historia plagada de huidas infructuosas.

De repente reparé en la música. En un primer visionado me pareció escuchar a Bach en varias ocasiones, y en los créditos me percaté de la participación de Glenn Gould y sonreí. Otro bucle. En un segundo visionado advertí que Brandon escucha compulsivamente y en sus momentos más desazonadores las composiciones de este pianista, atrapándolo y transportándolo a una fantasía sonora que acompaña a una realidad evidente que no permite la huida. Y es en la escena en la que Brandon escapa de su casa -y de su hermana- donde queda  más clara tal evidencia: el personaje corre en un plano secuencia falso y la cámara  acompaña y muestra cómo su carrera no le llevará a ningún lugar concreto, como si corriese en una rueda giratoria de ratón de laboratorio. De hecho volverá al mismo lugar del que salió huyendo, dejando claro que no podrá huir por mucho que lo desee. Esa escena, sublime, es el cuarto bucle que fui capaz de reconocer y que me iba envolviendo cada vez más en el infierno del personaje. La música, brillante en su uso y adecuación al tempo de lo que se narra, que se convierte en otro elemento de alto alcance para herir al espectador en lo emocional.

Más simbólicamente, Brandon aparece en sucesivas ocasiones de espaldas -sobre todo en las conversaciones frustrantes con su hermana o en los momentos en que se complica la comunicación o hay un malentendido, como en el restaurante con su compañera de trabajo-, y en algunas de esas ocasiones con la cabeza baja. Desde atrás, aparece sin cabeza. Brandon está decapitado en muchos planos y se  demuestra una intencionalidad en el diseño de la puesta en escena que sería muy injusto no reconocerle como mérito -entre muchos otros- al director de la película. El personaje solo sabe actuar impulsado por su adicción , angustia y desesperación y no razona conscientemente sus acciones y todo queda perfectamente reflejado en cada decisión del McQueen en cuanto a lo que muestra y no muestra en pantalla. Nada está en manos del azar y todo funciona como un mecanismo milimétricamente construido para la mostración de lo que en la historia está siempre latente: la desesperación y la incontinencia del impulso.

Tres largos planos secuencia -o casi- terminan por rematar esta intencionalidad: el primero, la PLUSCUAMPERFECTA interpretación de Carey Mulligan del New York New York que consigue trasladar emocionalmente al espectador al lugar más cercano posible de Brandon. Una escena que quedará para siempre registrada en mi disco duro y que casi logra arrancarme las lágrimas en las dos ocasiones en las que la he presenciado. McQueen te coloca con ella en el clímax de la empatía con su atormentado personaje y te anuncia que lo que te queda por comtemplar va a golpearte muy duro.

El segundo, la conversación entre la compañera de trabajo de Brandon y él en el restaurante, cuando éste trata de buscar un acercamiento  más convencional y pausado con una mujer y se pone de manifiesto que es un terreno estéril, desconocido y doloroso para él. Una conversación hábilmente interrumpida en un guion inteligentísimo por un camarero que parece nacido para poner las cosas todavía más difíciles. Tal conversación termina con un encuentro sexual fallido posterior que iniciará una caída progresiva del personaje al estómago de sus problemas que le acabará prácticamente digeriendo.

El tercero, la terrible conversación entre los dos hermanos que asalvaja y muestra una relación infectada, por parte de él por su falta de control sobre sus impulsos -aterradora la reacción de Brandon cuando su hermana se le acerca demasiado en la cama o lo descubre masturbándose- y por parte de ella por su imposibilidad de autogestionar su propia vida y exigir y demandar un afecto que precisamente Brandon no puede ofrecerle porque no sabe cómo hacerlo. Y menos sin utilizar la única forma que conoce para lograrlo.

Y es en este punto donde está el drama de la película. Porque la historia de Shame no es una historia de sexo, o no lo es solo de sexo. Tampoco de una adicción concreta, porque podría ser cualquier adicción. Es la historia de una incapacidad, la de un ser castrado emocionalmente para relacionarse de forma plena y satisfactoria. Es la historia de alguien que no puede escapar de tal incapacidad y que ha sustituido el placer por el dolor a través del supuesto placer. El sexo y el uso que de él hace el personaje vehicula la historia que McQueen nos cuenta pero sería muy necio creer que al final la historia “va” de eso, o que nos sermonea moralmente en ese sentido. Y lo sería porque en incontables momentos vemos claramente que su uso del sexo no está controlado, y que tan solo existe para calmar la incapacidad  y el dolor que el personaje siente. Así que da un poco igual la adicción que sea; podría ser el juego, la cocaína o la politoxicomanía. Aquí es el sexo. Pero nada más.

La caída final progresiva de Brandon para muchos es criticable. No para mí. Brandon se abandona porque su frustración le lleva a la autodestrucción, y eso se observa claramente en el bar, en lo que pienso es la escena más dura, inteligente, arriesgada y potente de la película. El personaje se castiga hasta el extremo y su actuación tiene que ver con eso. Todo lo que sucede en esos 15/20 minutos es un paseo por el dolor  y la humillación personal del personaje pero no por las prácticas a las que Brandon decide abandonarse, sino por el propio abandono y la incapacidad que tiene de controlarse como lo haría un yonqui de cualquier otra adicción que sufriera. Brandon siente vergüenza por ser incapaz de vivir una vida normal y fingir constantemente que la vive. Por no poder ayudar a su hermana. Por no poder relacionarse con nadie. Por no poder cuidar de sí mismo. La vergüenza por no estar “conectado” (como le recuerda un personaje en un momento clave de la película)  tal y como cualquier ser humano debería estar capacitado para estarlo con otro o con su entorno. Quienes se escandalizan por un lado o critican ese tramo final por otro tendrán sus motivos, pero pienso que se alejan de la verdadera intención de la película que es mostrar el descenso a los infiernos de un adicto a la autodestrucción que quiere pero no sabe -ni parece poder- abandonar la rueda gigante y sin escapatoria en la que se ha convertido su vida. Lo que sucede en Shame es consecuencia de la adicción, no del uso del sexo que Brandon haga. No escandaliza, en la película, que se lo monte con una, dos, tres o ciento cincuenta mujeres. Ni que se la casque cada mañana tres veces. Ni que tenga tanta pornografia en casa que le sea difícil esconderla. Escandaliza el dolor y la humillación que el personaje sufre por ser incapaz de controlar conscientemente su práctica convirtiéndolo en un títere de sus impulsos. Todo lo que le ocurre a Brandon acaba siendo consecuencia de la adicción y no del sexo -de la índole que sea-, y ver otra cosa me resulta un tanto superficial. Es quedarse en #elpenedeFasbender , como corre el hashtag ya hace unos días por Twitter. O pensar que porque un acto dramático final se desencadene en el momento álgido del comportantamiento autodestructivo de Brandon, éste sea causa del primero. Y es absurdo porque en un plano se explica claramente que aquello iba a volver a repetirse -último bucle- y por lo tanto no es -solo- responsabilidad del personaje. Y también porque la mirada final de Brandon en el metro no se intuye que haya o deje de haber ningún tipo de cambio en su actitud debido a ese hecho, y tal corrección si se diera en la realidad requeriría de un proceso mucho más largo y complejo. En una adicción, un hecho puntual no “cura”, por muy dramático que éste fuera y decir lo contrario es no conocer las adicciones y lo que comportan, y en mi opinión no haber entendido absolutamente nada. Pero es solo mi opinión.

Y no se puede terminar un comentario de esta película sin hablar de Michael Fassebender. ¿Existiría esta película sin él? No lo sé. Probablemente, pero sería distinta. El atrevimiento de este actor, en pleno auge de su carrera, a interpretar a Brandon y su problemática por un lado y su acierto descomunal al hacerlo por otro definen a un tipo del que desde luego vamos a oír hablar y mucho. Su interpretación es una de las más grandiosas y aterradoras que he podido ver en una película y no era fácil porque era mucho lo que se jugaba y a priori parecía que podía perder más que ganar. Será difícil ver otra demostración interpretativa de tal calibre en mucho tiempo -aunque espero equivocarme- del mismo modo que dudo que se me olvide jamás la mirada (casi a cámara) de Fassbender en el momento de clímax del último de sus encuentros sexuales, que por su desgarro no logra romper la suspensión de incredulidad pese a mirar directamente a los ojos de los espctadores. Literamente pidiendo ayuda con su mirada y con su cara, grotesca y casi deformada, consiguió -aquí sí- que se me escaparan un par de lágrimas por todo el sufrimiento que me había hecho pasar hasta el momento con su torturado personaje.

@xfar1

Anuncis


 

“Vols parlar del núvols oi? Del cel, de la terra, de tot el que t’envolta… Vols que parlem del teu avorriment…”

Un calfred em va travessar l’espinada. Havia pensat més d’un cop durant el viatge d’aquell dia quina seria la perspectiva de la realitat d’algú com l’Àngel, que duia tancat 25 anys de la seva existència. De fet, ho havia pensat mentre mirava el cel i els núvols, tot recorrent el camí que duia fins les cent una “corbes del dolor”.

– Tu vols que parlem?- Vaig voler ser educat cedint-li la possibilitat d’engegar-me, buscant transmetre una certa humilitat per trobar-me a una casa que no era la meva, que era la seva. –Si et ve de gust a mi m’encantaria. Per això he vingut-.

– Ho imagino. Però no entenc l’interés… què pot tenir un pobre diable com jo que dir-li a algú tan (des)ocupat com tu?

Havia dit ocupat o desocupat?

– De què vols parlar?- va insistir…

Vaig empassar una bossa de saliva que s’avia anat acumulant a la meva gola. Estava nerviós, però ho atribuïa no tant a les paraules de l’Àngel, sinó més aviat a l’excitació de trobar-me davant algú tan interessant…

Jajaja. No saps de què vols parlar oi? De fet sempre passa el mateix. Veniu aquí i us assenteu al meu davant, buscant respostes… que jo no us en dono mai. La majoria triguen menys de dues hores minuts a marxar, perquè no els concedeixo el que busquen. Però de tant en tant.. de tant en tant algú decideix quedar-se aquí amb mi una mica més de temps, el suficient com per a coneixem realment bé… Seràs d’aquests, tu?

Seràs d’aquests?

Ho sóc?

La sensació d’asfíxia que vaig sentir aleshores fou terrible. Estava atemorit davant els ulls d’aquell home petit i calb que em mirava amb ulls negres de tauró, inexpressius però alhora desperts i francament humans.. I malgrat la seva presència no semblava que hagués de tenir por, però d’alguna forma en tenia.

– Val, doncs diguem tu de què estàs disposat a parlar?

Va rumiar un moment abans de contestar.

– Si tu veiessis amb els meus ulls, entendries perquè sóc aquí. De veritat que sí. I m’agradaria que hi veiessis tot, amb els meus ulls…

Vaig contestar-li dos segons més tard, embolicat d’emoció.

– Sí, a mi també m’agradaria, però això no és possible. Per què no fem alguna cosa més pràctica i…

No em va deixar acabar la frase.

– Per què no és possible? Em penso que hi ha una manera…- va replicar.

– Doncs explica’m com i estaré encantat, de veure-hi amb els teus ulls…

L’Àngel em va mirar d’adalt a abaix. M’estava com enregistrant. Semblava que volés mirar més enllà de la meva fisonomia, del meu físic, per a tocar el meu interior i assaborir-lo per fer-se amb ell però sense fer-me mal, sense violència… Semblava que em volés comprendre, que tractés d’entendre qui era jo i què feia allà. I ni jo mateix ho sabia. Estava allà per avorriment? Per a acabar un reportatge que m’havia interessat durant molts mesos, quan treballava, i abans que la meva vida es convertís en una absoluta monotonia? Ni jo mateix sabia la resposta. Però era allà. I semblava que tota la meva vida hagués estat esperant aquell moment, aquell viatge, aquelles cent una corbes… Aquella cara de l’Àngel mirant amb els seus ull negres…

– Deixa’m fer a mi, no et preocupis- va dir.

I va començar a parlar.

“Deixa’m que t’expliqui com és el cel. El cel és un cúmul de agulles d’aigua blaves i fredes que s’acumulen i ens transmeten que estem embolicats en una esfera preciosa que ens protegeix de tot i tothom. Però no és ferm: és un bombolla que envolta d’altres bombolles que s’encaren les unes davant les altres formant rengleres de petits cels que s’amaguen cercant un lloc darrera els astres humits que no podem arribar a contemplar”.

“I els núvols?” Vaig preguntar.

“Els núvols, són insectes. Insectes negres que s’ajunten i representen formes que en realitat no tenen més forma que la que s’imaginen els mateixos insectes, fruit de la por a construir-se per pur atzar. No deixis mai que un núvol s’apropi massa al teu voltant, o els insectes que hi ha a dins aconseguiran que formis part de la seva colònia. Això, és clar, si no vols ser part de la seva colònia… Jo vaig voler ser-ho, fa temps. Però ara ja no”

L’Àngel s’alçava, a cada paraula, a una distància cada cop més elevada de la meva. No sabia quin era exactament el propòsit de tot allò que em deia, però jo no deixava de prendre notes frenèticament, absorbit per les seves paraules. Volia saber com pensava, apropar-me a la seva manera de veure el món, amb els seus ulls.

Fins que tot va desaparèixer. I vaig veure amb els seus ulls.

 

 

( Bull in the Heather… uns Sonic Youth per a veure les coses des d’una perspectiva.. diferent?…http://www.youtube.com/watch?v=2T4BsnXmJaI )

 

Vaig arribar a l’hospital unes hores després d’enfilar el camí de muntanya més recargolat que mai hagués pogut pensar que existiria. Les corbes, les cent una famoses “corbes del dolor” eren el preu que s’havia de pagar per a penetrar en aquell camí que havia decidit recórrer degut a l’avorriment i la falta d’estímul al que m’havia portat la meva nova vida. I de seguida vaig comprendre que aquella mena d’aventura que m’esperava havia de ser especial i diferent, perquè des de bon començament m’havia transmès aquella inquietud que transmet l’esperança davant els esdeveniments destinats a ser importants. Especial i potser, només potser, perillosa. Això últim ho sentia també, però no sabia el perquè.

 

 
Darrera meu es tancaven les portes blanques, i els metges interns n’obrien d’altres al meu davant que m’anaven conduint a nous espais que encerclaven més espais, cada cop més allunyats de la porta exterior que ja havia deixat molt enrere. A l’aire s’hi respirava una remor inequívocament desencisadora, i tenia la sensació que allà ningú hi anava mai a passar un dia d’esbarjo com jo havia decidit fer. De fet, aconseguir la visita amb aquell malalt va ser realment complicat, però ja se sap que quan es vol s’aconsegueix gairebé tot. I allò ho volia amb totes les meves forces. No sabia ben bé per què, però ho volia. Es podria dir que ho necessitava. Gairebé, perquè tot allò que havia estat fent durant les últimes tres setmanes d’aquell estrany mes d’agost no havia aconseguit treure’m del cos la sensació que tot s’estava esgotant: que el temps m’estava munyint, que l’ànima s’esvaïa lentament mentre l’esgotament m’estrenyia fins a no deixar-me respirar. La sensació que la meva vida no es dirigia cap un lloc concret des que vaig tenir la sort de ser tocat pels dits de l’atzar i vaig poder deixar de treballar m’estava turmentant i per aquest motiu vaig decidir apropar-me a aquell maleït recinte de bojos. Suposo que volia enllestir un reportatge que m’havia estat xuclant l’energia durant els meus anys de feina, que ara quedaven tant lluny com semblava que ho estava qualsevol lloc real d’aquell imponent –i inquietant- edifici.

Volia parlar amb el més malalt de tots els malalts que poblaven l’Hospital Psiquiàtric de la Mare de Dèu del Dolor. Volia parlar amb l’Àngel. I ara podia fer-ho.

L’última porta. El zelador em va mirar d’adalt a abaix i després de respirar profundament, va permetre que la travessés. Recordo sentir-lo dir que si necessitava res pitgés el botó d’una mena de comandament a distància que duia a la bata i que ara em va facilitar. Vaig assentir.

“No pateixi: està controlat. Però no se l’escolti massa; té verí a les paraules”.

Però jo havia fet tot aquell viatge precisament per a escoltar-lo, per a escoltar tot el que m’hagués de dir l’Àngel, l’intern que havia aparegut un dia misteriosament a l’Hospital del Dolor i del que no se’n sabia res més que el que ell havia decidit explicar. Volia conèixer la seva història i volia escoltar de la seva boca la seva personal visió del món.

Allà es trobava, assegut i mirant-me. Ni somreia ni estava seriós. Podria dir que era inexpressiu, però mentiria: transmetia tranquil•litat però també intranquil•litat, i en la seva presència tot semblava tenyit d’una forta sensació d’irrealitat. Començava a comprendre com la Núria, la meva antiga companya del diari, no havia aconseguit estar-se a la mateixa habitació que ell durant més de dos minuts, en els que sembla ser que ell ni tan sols va obrir la boca. Només se la mirava. Començava a comprendre perquè aquell ésser humà havia estat reclòs allà dins sense que ningú es preguntés massa com hi havia anat a parar, ni què havia fet. Començava a entendre allò que la opinió pública mai va entendre: que un desconegut sense cap referència de cap tipus fos acceptat en un dels hospitals de salut mental de més prestigi del país quan hi havia gent que no podia ni somniar a pagar un sol dia d’estada entre els seus murs. Els metges van parlar de “pacient especial”, de “curiositat mèdica”, de “font de coneixement de la ment humana”, mentre els veïns del que havia estat una comunitat pròspera parlaven de maledicció, terror i “presència diabòlica”. Tot rumors. Tot històries de poca fiabilitat. Llegendes urbanes estúpides inventades per a justificar els mals moments que tota vil•la pot passar quan es desgasta i no s’adequa als nous temps.

El vaig mirar. M’hi vaig dirigir. “Hola Àngel. Vull parlar amb tu”.

(post pensat per ser penjat ahir dimarts)

 

Estic fins el collons de bocatas. No puc començar d’una altra manera aquest post, o article, o com se li digui que d’aquesta forma, tenint en compte que porto cinc dies alimentant-me de pa, embotit i un altre cop pa. Patètic. Però és que això no s’atura, i jo vaig tant de cul que ja no sé ni qui coi sóc. De fet, ahir escrivint sobre el biopic del Thompson em va semblar al.lucinar de manera considerable i em penso que d’alguna manera això s’hi veurà reflectit en el comentari; ara falta veure quan coi l’acabo i el publico.

Disculpeu la vulgaritat, però és que avui m’he adonat que no tinc temps ni de rendir comptes amb la meva pròpia natura. I m’he adonat de la pitjor de les formes: només arribar a casa de la feina he notat que l’estòmac reclamava el seu propi espai per tenir una conversa seriosa amb la tassa, la seva amiga i confident de sempre; i m’he adonat que feia uns quants dies que aquesta conversa, sempre interessant i constructiva, feia temps que no es desenvolupava de forma regular. Això m’ha fet posar-me alerta i he decidit que calia parar un segon i respirar. I un cop havent respirat profundament, preparat un bon cafetó (el que em faltava, diria més d’un que em coneix) i relaxat m’he dirigit cap a Sitges un cop més. Ciop de cotxe, de volant, i música del Damien Rice clavant-me ósties. Pel mirall només el mar, i sempre fugint de tot allò que sempre provo de deixar enrere… 

Arribo. I estic de mala lluna, ho reconec. Avui és dilluns i la màgia que tots aquests dies envoltava la meva existència s’ha convertit en qualsevol cosa excepte això. La tornada a la rutina és com la bufetada de realitat que marca el final del somni i el principi de la realitat, encara que de vegades aquesta realitat sigui interessant i constructiva. El cas és que essent comés avui dilluns, m’és força difícil determinar què té d’interessant qualsevol cosa que tingui a veure amb responsabilitats i compromisos. Suposo que demà veuré les coses d’una altra manera. O això, o inauguraré una nova forma de depressió, no tant postvacacional -no estic pas de vacances quan vaig al Festival– com postil.lusòria.

Com sempre el primer que veig són les cares dels friquis de sempre -els mateixos que deuen pensar el mateix de mi- i m’adono que últimament la meva vida sembla encerclada en una repetició de l’estil del dia de la marmota a la pel.lícula del Harold Ramis: cinema, cua, jalància, cinema, cua, jalància.. i així fins a quatre vegades en un sol dia… Enteneu-me: no em queixo pas, m’ho passo molt bé, tant sols penso en com un cosa tant absurda em pot arribar a fer tan sumament feliç… ja ho pensen, alguns dels meus alumnes, que estic com una cabra. No m’estranya. Jo ho pensaria.

El dia comença amb La possibilité d’una ile de l’escriptor i ara també realitzador Michelle Houellebecq. I vinga, serem sincers: dels 90 minuts i escaig que ha durat la projecció una part considerable me la he passada clapant com una marmota. No sona massa elegant, ja ho sé, però tampoc és elegant mentir, i preferixo ser sincer amb volsaltres. I el fet és que la part més interessant de la cinta la vaig viure en despertar, quan la cosa va de capa caiguda… una pel.lícula força pesada i prou espessa com perquè la gent xiulés al final de la projecció, un fet que aquest any encara no havia observat malgrat més d’una de les produccions vistes fins aleshores s’ho mereixés…

I quan tot semblava perdut, patapam! Arriba la salvació. Jo ja m’estava plantejant fotre el camp, degut al cansament que m’estava envaïnt. I em temia el pitjor amb The good, the bad and the weird, l’última de les pel.lícules que veuria aquesta nit. Però finalment decideixo quedar-me i sort que ho vaig fer! Primer perquè quan accedeixo a la sala topo amb un paio que prèviament havia vist al bar col.locant-se de cerveseta una darrera de l’altre. I com el paio estav envoltat de càmeres, doncs la suposició que és algú conegut és ara una evidència… I a més es que em sona, però no el situo…

Un cop dins l’Auditori m’assec i les càmeres el tornen a perseguir. És obvi que li faran un homenatge, i que és algú clarament relacionat amb el món de la direcció… Qui coi és? I de cop i volta, quan ja sóc a la meva butaca, em ve al cap: és el Ferrara??? Doncs sí. Li donen la famosa Màquina del temps com a reconeixement a la seva obra i el tio que s’apropa a l’escenari i la rep, borratxo com una cuba. I si no el reconeixiaera perquè el tio s’ha engreixat  i està com un bacó!

I comença i no para: que si ell es deu al Buñuel, que si el premi és fantàstic (encara que pregunti què coi és, que no ho sap reconèixer…) i evidentment, jo demà penco. I tinc pressa! M’impaciento i espero que el paio calli d’una vegada perquè sé que la peli coreana dura 130 minuts… I quan finalment calla, comença.

I el que comença és la cinta més divertida que fins ara he vist al Festival. Sense ser una meravella, en gaudeixo moltíssim, dels personatges i de l’animalada que ens proposa aquesta mena d’spaghetti western a la coreana, i es converteix així en el millor que he vist fins ara a la secció oficial. Trist, però és el que hi ha.

Faig a més conversa amb els del costat i ens ho passem com criatures veient-la. Quan acaba estic desvetllat i això em salva la vida: i és que en tornar per les meves estimades costes aquest fet fa que no em mati quan gairebé topo amb unes inoportunes obres que fan aturar el vehicles gairebé sense avisar. La mare que us va parir…. Mentre espero fixo els ulls a la llum vermella del semàfor que té a la ma un dels operaris i penso que demà veuré la que diuen és la cinta més polèmica del Festival: Martyrs. Ja em té fascinat – i acollonit- d’entrada, per tot el que s’ha dit. Estarà a l’alçada?

Quan torno a engegar el motor torno a batre el meu récord de temps per travessar les 101. I el somni esdevé carn trepitjant l’asfalt de la carretera que més m’estimo.

 

(Demà Martyrs i Blindness)

 

Imaginar, imaginar, imaginar… el Nexus es perdia dins tanta imaginació, dins tanta ineficàcia cosmogónica.

Estava a punt d’emprendre el viatge anual cap a la seva pròpia història, gairebé galàctica, que el duria cap al descans de la seva química i la llibertat del dolor escampat pel seu interior més poc polit. Es veia conduint entre llums vermells i la foscor ininteligible d’allò que més por podia produir-li, la reentrada al meravellós món de la decepció.

La distància i les corbes. La música. I les romàntiques ganes d’estimbar-se contra el mur de la mort més dolça. El crits del Llop, la conversa dels amics, l’olor de l’il.lusió. De l’ilús que se sap a milers d’anys llum del somni que sempre va desitjar.
Au, Nexus, que comença Sitges. Prepara el terreny i obre bé els ulls: el miratge només dura 10 dies.
I cal aprofitar-los.

Lose lose lose lose lose lose lose lose YOU LOSE


– Ara Juli, ara!

La llum travessava la runa de la casa abandonada. Dins d’ella, el Juli competia i per primer cop, estava a punt de vèncer. I per aquest motiu, la seva mare no podia deixar de cridar-li, articulant mots encadenats fruits de passions reprimides rere la catàstrofe, la d’un fill incapaz de vèncer.


– Ara Juli, ara!

No ho sabia. Aleshores. Que les paraules eren feridores. No va entendre que els seus mots podien desencadenar la catàstrofe de la competivitat. No podia competir perquè se sabia perdedor, i ara havia de fer-ho pel desig d’una mare desesperada. I atés per la seva indecisió, el Juli va deixar de competir. Va aturar-se.


– Ara Juli, ara!

No va deixar de dir aquelles paraules ni tant sols quan el Juli va travessar aquell paisatge devastat per les pors d’altres inmaculats perdedors, de la mateixa manera que va deixar de dir-les quan les mans del seu fill van escanyar el coll d’una mare que va saber el que volia dir, i ara de debó, “competir” pel seu fill.

 

– Ara calla, mare. Ara calla.


Imatges imatges imatges vimatges viratges miratges missatges… RESCAT! (estic al 3:29)

 

Es follava la carretera a cada cop de volant, dins un vertiginós viatge… i rere la 101, veia el somni…

El sàdic assassí de la realitat s’apropava. Instint. Crits. Música.

I per això va voler tornar a escriure de manera momentània. Va recordar allò que un dia de fa un any el va fer esclatar, i va voler tornar a sentir.

Sisplau, que s’escampi l’instint fins que la bogeria torni a descansar. Prometo agafar la següent corba i escriure com qui s’agafa a la boca desitjada. Desesperadament.

Pàgina següent »