reviure els clàssics


Después de ver Super 8 uno tiene la sensación de que ya ha hecho los deberes cinematográficos del verano, y eso funciona para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno porque esa idea confiere al hecho cinematográfico una importancia muy poco acorde con la época que vivimos – el cine lo disfrutamos en gran medida en casa-; y para lo malo por todo lo que se le presupone a priori a la película y que después puede volverse contra ella.

Con Super 8 se han conseguido varias cosas interesantes. En primer lugar que la gente tenga ganas de ir a una sala de cine para ver un producto que podría consumir, sin duda  hoy día, en casa y de forma gratuita. En segundo lugar, que vuelva el “cine de nombres” (algunos dirían de autor, pero ese término parece demasiado sagrado para concedérselo a cineastas comerciales como Spielberg, que sin duda lo merecería) que por sí solos levantan una determinada expectativa. En tercer lugar ha prometido meter a los espectadores en un Delorean que los llevará de nuevo a los 80 para volver a padalear las mieles del mejor cine Blockbuster: aquel que conjugaba, supuestamente, calidad con diversión y que se dirigía a todos los públicos. Y finalmente ha logrado  resucitar la idea de que el cine puede volver a ser mítico en su liturgia y en su consumo, y que esa mitificación puede conseguirse siempre en el visionado colectivo,  siempre en una sala y a ser posible  en un entorno grupal, casi de pandilla,  que haga participar activamente a los espectadores desde la nostalgia. ¿O es que hay alguien que piensa que es mejor ver Super 8 en el plasma de 42 de casa, solo y bajada de internet que ir a verla al cine con los amiguetes de tu generación?

Todo esto hace de Super 8 una película, a priori, muy particular.  Promete mucho pero no ya desde el inicio del metraje, sino desde la promoción misma de la película. Consigue meterse a un público muy fiel a su memoria cinematográfica en el bolsillo y ese mismo público seducido de antemano, ya adulto y probablemente con familia y amigos a sus espaldas, atraerá a un nuevo público, más joven, empujado por el entusiasmo de experimentar lo que una vez les hizo felices e hizo felices a tantas personas.  La nostalgia es, pues, una de las grandes bazas de esta película, pero también su gran peligro.

Y es que la nostalgia provoca expectativas difíciles de superar. Y se ha vendido que Super 8 es la recuperación de un cine ya extinguido, algo que puede quedar en la nada si no se tiene en cuenta precisamente que el cine de los 80 ya no existe ni como cine ni como época.  Que los mecanismos que mueven el lenguaje cinematográfico actuales han cambiado y también el espectador y sus necesidades, y el cortocircuito que puede provocar ver una determinada intención “a la antigua” con otra absolutamente moderna (con más prisas, quizá más efectista, empresarial  y menos sincera) puede ser fatal. Y viendo Super 8 eso puede suceder.

 

Puede suceder que en el momento álgido de la película ésta falle y se deje llevar por cuestiones que un cine, realizado por un determinado tipo de cineasta y en otra época no hubiese permitido. Puede suceder que ciertos aspectos muy buen cuidados durante la primera hora de la cinta dejen de estarlo de golpe y porrazo por cuestiones lejanas al concepto de autoría, e incluso  puede suceder que cuando la película termine te quede la sensación de que algo no cuadra, que hay algo de lo que has visto no acaba de funcionar como debería.

En Super 8 puede pasar que lo más interesante, la relación pandillesca y el análisis de personajes infantiles vividas en cintas como Stand by me o The outsiders a mitad de metraje se deje de lado y deje paso a otras cuestiones, más frías y menos emocionales, o más acorde con los ritmos de los nuevos espectadores. También puede pasar que eso, ese factor nostálgico que era el verdaderamente buscado por un determinado tipo de público, se quede a mitad de camino, y por lo tanto puede ser que eso le provoque una decepción notable.  Y entonces puede ser que no consiga ni superar la comparación con una cinta que seguro no es  superior a la película de Abrahams, The Goonies, pero que sale vencedora simplemente porque esa película ese mismo espectador la vio cuando tenía 12 años. Vencen los Goonies por la misma nostalgia que construía –y supuestamente llevaría al triunfo- a Super 8

También puede suceder que el misterio prometido en el desarrollo de la historia no sea tan interesante ni que su resolución produzca tanto placer como la que producían  las películas en las que Super 8 claramente se basa. Puede ser que no queden claras algunas cuestiones que envuelven ese mismo misterio y que eso aleje un poco al espectador de lo que ha visto, algo que no sucedía en las cintas de las que ésta se nutre. O al menos, la nostalgia que te ha llevado al cine te puede hacer creer eso: que todo lo que ves que no acaba de resolverse sí se resolvía en el cine ochentero que tanto gusta al espectador de esta película. Y puede que tampoco sea cierto. Es posible. Es el problema que tiene el recuerdo.

También puede pasar, salvado el factor nostálgico,  que en esta película te encuentres un nivel técnico difícilmente superable, unas interpretaciones magistrales e incluso unos personajes entrañables que te acerquen a ese paraíso cinematográfico perdido aún sin buscarlo. Porque en tu historia de amor con el cine has visto esas películas y forman parte de tu pasión… pero también eso puede que se rompa por la narración de una historia de corta y pega de tantas y tantas historias vistas y ya disfrutadas  y que además se resuelve de una forma cuanto menos precipitada. Y que esto ya no sea algo excusable si se tiene en cuenta la cantidad de tiempo y de dinero que hay detrás de una producción de este tipo. O sí, si se ve desde el prisma de cine como negocio y no como “experiencia”, tal y como se ha vendido esta película. Y entonces lo que había conseguido la película en un primer tramo podría diluirse y llegaría la decepción. Y se produciría la desconexión y desaparecería la empatía con los personajes. Tanto en los espectadores nostálgicos como en los que tratan de desvincularse de su memoria y solo buscan el goce del cine-espectáculo y de calidad.  Podría pasar eso.

 

O no. También puede pasar que el espectador de Super 8 se deje de monsergas y disfrute de lo que está viendo sin preocuparse de comparaciones y del cine y de la experiencia de ir al cine, de reír, de asustarse, de emocionarse… Eso también puede pasar. Porque elementos para hacerlo la película  los tiene. Pero la sensación es que es un producto muy bien pensado y comercializado para ser algo que no es, un nuevo mito cinematográfico para unos y para otros, para jóvenes, no tan jóvenes y adultos. Y no lo es sobre todo porque deja de lado algo que los maestros que fueron la base  para que esta película existiera nunca hubiesen dejado de lado: el amor por el cine. O al menos por un determinado tipo de cine, el que curiosamente ha vendido esta película. Y no es que Abrahams no ame el cine, es que lo ama de un modo diferente al que lo amaban sus maestros en la época que su película refleja. De una forma más cercana al mejor momento de la película, que se encuentra en los créditos finales de la cinta. Ahí está el espíritu de los 80, la ingenuidad, el amor por el cine… que solo puede arriesgarse a volver cuando la mitad de la sala ha abandonado su asiento. Pero que al menos esté ahí es mérito de su director y con ello la esperanza de que en un futuro se obsesione más por ser coherente consigo mismo y no con un elemento nostálgico escurridizo e inalcanzable.

 

P H E N O M E N A

Ja està, s’ha acabat. Després de moltes sessions, cues, alegries, tristeses, passions, somriures, enrabiades, angúnies… tot barrejat. Ja s’ha acabat.

I un cop més, les meves vacances -reals- s’han anat i m’han deixat orfa d’emocions un cop més a les portes d’uns dies que s’intueixen freds, complicats. Provaré de pensar en el proper octubre -que ara sembla llunyà i decidit a fer-me-les passar putes-… encara que sé que les coses que acaben només deixen viva la nostàlgia, com els personatges de l’excelent Herois es van encarregar ahir de explicar-me de la manera més directe…

Tinc ganes d’explicar com han anat les coses durant aquests dies a la ciutat més maca del món, d’explicar les emocions que he anat sentint amb les pel.lícules que he pogut veure, experimentar… sentir, en alguns casos; però no sé si aquestes ganes acabaran un cop passin els dies. Aixi, començo quelcom que potser acaba d’aquí a dues hores… o potser d’aquí a uns anys.

Mai se sap. Aquest bloc és una mena de lluita i contradicció continua. I em sembla que sempre serà així. Ves a saber: potser és la única manera que tinc d’afrontar tot allò que em fa anar més enllà de la rutina de cada dia…

Deixo a continuació els títols de tot allò vist des del 7 fins al 17 d’octubre. Ara manca saber si en tindré ganes de fer més comentaris. Els dies ho diran.

Ara estic massa ferit pel final de la ilusió.

Catfish. Los ojos de Julia. Confessions. Rubber.  A woman, a gun and a noodle shop. Agnosia. The shining. Legend of the fist. Notre Jour Viendra. Carne de neón. The Last Exorcism. Secuestrados. Fase 7. The Ward. La casa muda. Dream home. Vanishing on 7th street. Insidious. 14 days with Victor. The new daughter. Outrage. Amphibious 3D. I want to be a soldier. We are the nights. The perfect host. Monsters. Uncle Boonmee Who can Recall his past lives. Let me in. A Serbian film.  Herois. The Housemaid. Mother’s day. I saw the devil.

(escrit per ser publicat el passat dissabte dia 11)

 

Avui no vinc sol a Sitges. Finalment, i després de molts anys de veure com jo marxava sol amb el tren al voltant de l’octubre per veure un seguit demesurat de pel.lícules, dos dels meus amics s’han decidit a acompayanar-me i veure amb els seus propis ulls què coi és això del Festival. Encara que això era l’excusa, perquè el que ens venia de gust a tots tres era trobar-nos i passar unes bones estones dinant, sopant o al cinema. Però tots tres junts i rient-nos de tot i tothom, inclosos nosaltres mateixos.

I ha estat realment agradable. Amb ells el Festival lluia més perquè ja sabeu el què diuen: tot existeix en el moment en que algú més t’acompanya i les coses només es carreguen de sentit quan algú més participa de les teves vivències. I és molt cert. I si aquest algú són dues de les persones que més t’aprecies, doncs el resultat és una experiència el doble de maca i satisfactòria del que normalment ja és.

El que no sé és com haurà estat per a ells. Em consta que s’ho han passat de conya i han rigut molt, però la qüestió cinematogràfica no ha estat la més encertada, en el seu cas. I això que els cabronassos han vist la que es diu serà la gran triomfadora del Festival, la sueca Let the right one in. Una història preciosa entre un nen que no troba el seu lloc i una nena vampiressa que li fa la vida més fàcil i agradable. Una posada al dia i una nova perspectiva del tema del vampirisme al cinema, i una bufada d’aire nou a tots aquells que de vegades creiem que determinats temes poden estar morts i enterrats. El problema, però, pels meus amics Jose i Marc ha estat que es tracta d’una cinta de ritme lent i que s’ha passat a una hora complicada i a més un divendres, el dia que tothom està més cansat. I no els hi ha agradat. Què hi farem! M’ha sabut greu, però el que és maco del cinema és la varietat de gustos i opinions, i el fet de compartir una pel.lícula i poder comentar-la amb ells ja ha estat prou regal per mi, que de vegades tendeixo, en això del cinema, a un cert aillament.

Ja en parlaré, d’aquesta història de vampirs tan peculiar en el seu moment. Però ara vull acabar de comentar el dia. Perquè la cosa s’ha posat realment divertida quan un cop dins de la sala he sentit que algú cridava el meu nom. I jo que em giro i veig a dos ex alumnes de l’any passat, el Pol i el David, cridant-me a uns metres nostres. M’apropo. Estaven exultants. Les seves cares brillaven. Em recordaven a mi fa molts anys, quan anava pel Festival al.lucinant amb tot el que veia, i fent els possibles per entrar a la sessió que fos, si podia ser pel morro. Exactament el que els dos peces aquests han estat fent: els paios s’han fabricat una acreditació de… promotors??? i amb ella han entrar per la cara a un parell de sessions, inclosa la vampírica que esmentava abans. Nada más y nada menos! La peli que tohom volia veure! I els animals han aconseguit passar! Impressionant!

No podia parar de riure, i em semblava genial. I no com a demèrit del Festival, ni molt menys. De fet, estic convençut que els han deixat passar de pura simpatia i pel morro que li han fotut al tema, sobretot desprñes que m’expliquéssin amb més detall com ho havíen aconseguit… Em sembla genial per l’entusiasme, per les ganes, per la cara i per l’expressió que feien tots dos en veure la sala i on eren, en estar al Festival. En gaudir del cinema, en definitiva. Pol, David, ja us he dit pero ara ho repetixo públicament: el vostre ex tutor i professor de castellà és el vostre fan número 1! I l’any que vé espero tornar-me a trobar amb vosaltres!

M’he deixat de comentar que abans de tot això s’ha passat Prime Time, una òpera prima d’un director espanyol força fluixeta i que abans d’ella, s’ha projectat un curt -anomenat SNIP-, que ha fet regirar l’estòmac a més d’un i de dos… Aquest Sala és un terrorista! I cada cop em fa més al pes com a director del Festival, la veritat…

Demà s’acaba el tema, nois. I ja veig a venir la meva reacció. Però de moment gaudim de les hores que falten, i afortunadament, aquest cop en bona companyia… Que duri!

 

(demà Long Weekend, Sessió sopresa i The city of Ember)

(post pensat per ser penjat ahir dimarts)

 

Estic fins el collons de bocatas. No puc començar d’una altra manera aquest post, o article, o com se li digui que d’aquesta forma, tenint en compte que porto cinc dies alimentant-me de pa, embotit i un altre cop pa. Patètic. Però és que això no s’atura, i jo vaig tant de cul que ja no sé ni qui coi sóc. De fet, ahir escrivint sobre el biopic del Thompson em va semblar al.lucinar de manera considerable i em penso que d’alguna manera això s’hi veurà reflectit en el comentari; ara falta veure quan coi l’acabo i el publico.

Disculpeu la vulgaritat, però és que avui m’he adonat que no tinc temps ni de rendir comptes amb la meva pròpia natura. I m’he adonat de la pitjor de les formes: només arribar a casa de la feina he notat que l’estòmac reclamava el seu propi espai per tenir una conversa seriosa amb la tassa, la seva amiga i confident de sempre; i m’he adonat que feia uns quants dies que aquesta conversa, sempre interessant i constructiva, feia temps que no es desenvolupava de forma regular. Això m’ha fet posar-me alerta i he decidit que calia parar un segon i respirar. I un cop havent respirat profundament, preparat un bon cafetó (el que em faltava, diria més d’un que em coneix) i relaxat m’he dirigit cap a Sitges un cop més. Ciop de cotxe, de volant, i música del Damien Rice clavant-me ósties. Pel mirall només el mar, i sempre fugint de tot allò que sempre provo de deixar enrere… 

Arribo. I estic de mala lluna, ho reconec. Avui és dilluns i la màgia que tots aquests dies envoltava la meva existència s’ha convertit en qualsevol cosa excepte això. La tornada a la rutina és com la bufetada de realitat que marca el final del somni i el principi de la realitat, encara que de vegades aquesta realitat sigui interessant i constructiva. El cas és que essent comés avui dilluns, m’és força difícil determinar què té d’interessant qualsevol cosa que tingui a veure amb responsabilitats i compromisos. Suposo que demà veuré les coses d’una altra manera. O això, o inauguraré una nova forma de depressió, no tant postvacacional -no estic pas de vacances quan vaig al Festival– com postil.lusòria.

Com sempre el primer que veig són les cares dels friquis de sempre -els mateixos que deuen pensar el mateix de mi- i m’adono que últimament la meva vida sembla encerclada en una repetició de l’estil del dia de la marmota a la pel.lícula del Harold Ramis: cinema, cua, jalància, cinema, cua, jalància.. i així fins a quatre vegades en un sol dia… Enteneu-me: no em queixo pas, m’ho passo molt bé, tant sols penso en com un cosa tant absurda em pot arribar a fer tan sumament feliç… ja ho pensen, alguns dels meus alumnes, que estic com una cabra. No m’estranya. Jo ho pensaria.

El dia comença amb La possibilité d’una ile de l’escriptor i ara també realitzador Michelle Houellebecq. I vinga, serem sincers: dels 90 minuts i escaig que ha durat la projecció una part considerable me la he passada clapant com una marmota. No sona massa elegant, ja ho sé, però tampoc és elegant mentir, i preferixo ser sincer amb volsaltres. I el fet és que la part més interessant de la cinta la vaig viure en despertar, quan la cosa va de capa caiguda… una pel.lícula força pesada i prou espessa com perquè la gent xiulés al final de la projecció, un fet que aquest any encara no havia observat malgrat més d’una de les produccions vistes fins aleshores s’ho mereixés…

I quan tot semblava perdut, patapam! Arriba la salvació. Jo ja m’estava plantejant fotre el camp, degut al cansament que m’estava envaïnt. I em temia el pitjor amb The good, the bad and the weird, l’última de les pel.lícules que veuria aquesta nit. Però finalment decideixo quedar-me i sort que ho vaig fer! Primer perquè quan accedeixo a la sala topo amb un paio que prèviament havia vist al bar col.locant-se de cerveseta una darrera de l’altre. I com el paio estav envoltat de càmeres, doncs la suposició que és algú conegut és ara una evidència… I a més es que em sona, però no el situo…

Un cop dins l’Auditori m’assec i les càmeres el tornen a perseguir. És obvi que li faran un homenatge, i que és algú clarament relacionat amb el món de la direcció… Qui coi és? I de cop i volta, quan ja sóc a la meva butaca, em ve al cap: és el Ferrara??? Doncs sí. Li donen la famosa Màquina del temps com a reconeixement a la seva obra i el tio que s’apropa a l’escenari i la rep, borratxo com una cuba. I si no el reconeixiaera perquè el tio s’ha engreixat  i està com un bacó!

I comença i no para: que si ell es deu al Buñuel, que si el premi és fantàstic (encara que pregunti què coi és, que no ho sap reconèixer…) i evidentment, jo demà penco. I tinc pressa! M’impaciento i espero que el paio calli d’una vegada perquè sé que la peli coreana dura 130 minuts… I quan finalment calla, comença.

I el que comença és la cinta més divertida que fins ara he vist al Festival. Sense ser una meravella, en gaudeixo moltíssim, dels personatges i de l’animalada que ens proposa aquesta mena d’spaghetti western a la coreana, i es converteix així en el millor que he vist fins ara a la secció oficial. Trist, però és el que hi ha.

Faig a més conversa amb els del costat i ens ho passem com criatures veient-la. Quan acaba estic desvetllat i això em salva la vida: i és que en tornar per les meves estimades costes aquest fet fa que no em mati quan gairebé topo amb unes inoportunes obres que fan aturar el vehicles gairebé sense avisar. La mare que us va parir…. Mentre espero fixo els ulls a la llum vermella del semàfor que té a la ma un dels operaris i penso que demà veuré la que diuen és la cinta més polèmica del Festival: Martyrs. Ja em té fascinat – i acollonit- d’entrada, per tot el que s’ha dit. Estarà a l’alçada?

Quan torno a engegar el motor torno a batre el meu récord de temps per travessar les 101. I el somni esdevé carn trepitjant l’asfalt de la carretera que més m’estimo.

 

(Demà Martyrs i Blindness)

De dia, Sitges és encara més maco; sobretot si el blau del cel i el del mar conflueixen prou com per fer adormir els malsons i fer-te veure que pots gaudir de l’espectacle dels colors naturals. Avui Sitges m’ha esperat amb la seva millor cara, però per desgràcia no puc dir el mateix del Festival: mal dia per l’aficionat, el dia d’avui. Almenys si parlem del meu dia.

A les 15 hores he estrenat l’anomenada sala Tramuntana. No mata, l’espai, i no el recomenaria per anar a veure qualsevol pel.lícula: hi entra massa llum i tot plegat recorda una mica a un cinema de barri, que seria vàlid per al visionat de certes produccions però no pas de totes. Afortunadament el que allà he vist no necessitava massa de les virtuds tecnològiques de les modernes sales de cinema, només requeria les ganes de saber-ne més del creador de l’anomenat periodisme Gonzo, el grandiós Hunter S. Thompson, un dels ídols de la meva adolescència. Només adelantar-vos que el biopic val molt la pena i que fa un repàs al.lucinant -i al.lucinat- no només de la vida d’aquest animal salvatge del periodisme, sinó també de la història més recent dels USA, i no precisament per fer-ne una propaganda del tot positiva. Ha estat magnífic començar així el dia, però no tant continuar-lo ni acabar-lo.

La següent producció que m’he empassat a vui s’anomena The Sky Crawlers, i la veritat és que m’ha resultat una vertadera empanada mental. Mireu, no m’importa gens que les pel.lícules siguin lentes o molt lentes quan la història ho reclama, però no entenc que això sigui així en aquest cas, i només ho comprenc assumint que han volgut transcendir no només amb el que a la cinta s’hi explicava, sinó també resultant pedants i tediosos amb les seves explicacions. El creador de Ghost in the Shell tenia ganes d’explicar-nos una història que des del meu punt de vista ja s’ha explicat força vegades amb un embolcall magnífic, això sí, el d’un manga preciós i d’estética impecable. Més enllà d’això no he sabut veure gaire més, encara que potser és que tenia un mal dia… I si a aquest fet li afegeixes que al meu davant hi tenia el capgros més impresentable i arrissat de tot el cinema, doncs la cosa encara es posa pitjor… Sisplau, quan aneu a veure una pel.líucla a una sala procureu no molestar massa al de darrera movent-vos i fent l’imbècil: jo ho faig i si no ets un autèntic retardat no costa massa. 

Però la veritable decepció ha estat Vinyan, la nova produció del Fabrice Du Welz, el responsable fa uns anys de Calvaire. Envoltada d’una mena d’aura de misteri s’ha presentat aquesta producció que compta amb dos bons actors (el Sewell i la Béart, magnífics) i que no ha pogut escapar de resultar avorrida i fins i tot pedant quan tot feia preveure una bona estona de mal rotllo ben filmada i millor interpretada. Tot, però, es perd en la mateixa espiral que la pròpia cinta crea i no sap cap a on navega per acabar ofegant literalment a l’espectador, que no sap ben bé què està contemplant ni per on navega la història . Llàstima, perquè l’inici i certs moments de la peli són francament bons, però…

En fi, no ha estat un bon dia. I demà a currar i a iniciar una setmana on hauré de passejar-me amunt i avall tirant de cotxe i de costes per gaudir diàriament de la sensació de felicitat que em proporciona aquest Festival, per molt que de vegades la qualitat de les pel.líucles que hi projecta provin de prendre-me-la. De fet, les pel.lícules que veig al festival i que no m’agraden són menys dolentes per a mi, perquè tenen un plus: sempre les recordaré dins el marc que més em fa somiar.

Fins demà!

(demà La possibilité d’una Ile i The good, the Bad and ten Weird)

Passo de conversa surrealista a conversa estúpida en sortir de la sessió de la filla del Lynch, i escolto com un aspirant a ves a saber què comenta amb un gafapasta alguna cosa semblant al següent: “que què m’ha semblat la peli? Doncs depèn. Com a peli normal, vols dir?” No he escoltat més. No sé si el següent adjectiu qualificava algun altre tipus de cinema “no normal” que desconeixia fins el dia d’avui. O a un cinema “del Festival”. No ho sé. Però malgrat aquesta bajanada, la palma se l’ha endut el coleguilla que s’ha assegut a la meva esquerra durant la projecció amb els seus comentaris i els de la seva parella sobre la cinta que acabàvem de veure, que us asseguro que eren, com a mínim, demencials. No us els desvetllo perquè tenien massa a veure amb el final d’una cinta, aquesta Surveillance produida pel senyor David Lynch, que molt em temo que arribarà a les cartelleres, i no us voldria esguerrar el final…

 

Un dia interessant, malgrat el que he dit més amunt. Per començar el meu puto refredat pràcticament m’ha abandonat i per continuar tres de les quatre vistes han estat, com a mínim, interessants, i en un crescendo francament d’agraïr després de tanta pel.lícula. De tot plegat n’extrec algunes conclusions. Una, que per aguantar aquest ritme de visionat cal ser espavilat i comprar pel.lícules amb horaris que et permetin certs moments de descans. I avui, malgrat no he sopat (i ara són les 3:30 de la matinada, no crec ja que ho faci) sí he pogut dinar amb tranquil.litat i després fins i tot fer una volteta pel Brigadoon. La segona, que potser valdria la pena passar de la secció oficial fantàstica i anar directe a allò que es projecta fora de concurs, perquè fins ara és aquí on m’he topat amb les produccions més interessants. En concret dues que m’han entusiasmat i de les què espero poder -quan tingui una mica de temps- fer-ne esment al blog. Parlo de la torbadora i magnètica Deadgirl, dirigida per dos ninyatos amb el que he pogut xerrar un parell de minuts ara que encara no són coneguts i es passegen per Sitges sense ser reconeguts, i la terriblement perversa Home Movie, que ha aconseguit posar-nos dels nervis a mi i a tot el Prado. Cap de les dues exempte de polèmiques, puc dir amb força garanties de no equivocar-me que seran dues de les grans d’aquest any, encara que essent, com són, cintes petites. Bones notícies sempre des de la veu del cinema més independent i conseqüentment, més arriscat.

 

La decepció d’avui ha estat Your Name Here que malgrat ens ha deixat una bona interpretació d’un Bill Pullman que avui repetia (no us ha semblat un doble del Michael Douglas?) no ha fet res més que confondre a un públic que sembla que en part ha assistit gratuitament -gentilesa del Festival- probablement perquè la sala semblés més plena. Una sort per a ells, una feinada pels que ens havíem deixat els quartos per veure aquest absolut despropòsit. Llàstima perquè prometia. Com gairebé sempre tot el que fa fallida.

 

Per contra, la visió poètica del dia l’ha protagonitzat una noia amb un vestit lila a la platja de Sant Sebastià. Jo baixava de l’Auditori amb el cap a la cinta de la Jennifer Lynch i repassant mentalment el possible comentari que acabaré fent sobre el que m’ha semblat. Mentre observava el tall de l’horitzó, mig ennuvolat i tacant la perspectiva d’un fosc cendrós adient amb el que acabava de veure, he vist una noia que ballava enmig de la sorra, aliena a tot i a tothom. La fresca de la tarda no semblava afectar-li massa, i tampoc el fet que desenes de caminants i curiosos s’haguessin posat a mirar-se-la encuriosits. Primer rient; després, com jo, gaudint de la imatge d’algú que es deixava anar per allò que li demanava el cos. El ball m’ha seduit fins el punt d’aturar-me i seguir amb atenció la seva estranya dansa, mentre pensava amb allò que es deien capcots el Kyle MacLachlan i la Laura Dern a Blue Velvet i que subratllà tan bé el mestre Badalamenti amb la seva banda sonora original: “que n’és, d’estrany, aquest món”. Afegiria que durant el mes d’octubre, a aquesta localitat costanera anomenada Sitges, i en el meu cas des de ja fa 17 anys, també és un món meravellós i del que val la pena gaudir-ne. I no paro d’agrair que això continuï essent així.

(demà Gonzo, The Life and Work Of Dr. Hunter S. Thompson, The Sky Crawlers i Vinyan)

Pàgina següent »